Cerrado por reformas

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Como habréis notado los seguidores habituales, la actividad de Un Jurista entre bambalinas ha sido poca en los últimos tiempos. Después de dos años y cuatro meses, con más de 80.000 visitas, aquí termina esta época del blog.

Este no es un post de despedida. Más bien, es un recordatorio. Sigo por aquí, aunque el blog va a cambiar sustancialmente, en tanto que también lo hace mi vida. La próxima semana voy a desmantelarlo por completo. Así que si quieres releer algún post o echar un ojo a alguna entrada que te perdiste, este es el momento.

Mi profundo agradecimiento a todos los que desde el otro lado de la pantalla me habéis leído, dado ánimos, halagado y criticado. Sinceramente, sois la parte fundamental de este proyecto.

 Pronto estoy de vuelta.

Santi, un deportista de hierro

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La información deportiva en España gira en torno a la mediatización del Real Madrid y el F.C. Barcelona condenando al ostracismo al resto de deportes. Mientras conocemos al detalle los vericuetos de las negociaciones del PSG con Neymar Jr. o no paran de hablarnos de los hijos, los peinados o el proceso judicial de CR7, apenas sabemos nada de campeones como Saúl Craviotto o Javier Gómez Noya. Así que hoy quería hablaros de Santiago Martín-Romo, un hombre de hierro, un gran triatleta dombenitense.

Creo que la comparación se la leí a Carlos Arribas, ese gran cronista de ciclismo que tiene El País. El día más feliz de Maldini, como futbolista, lo pasó saltando, bailando junto a sus compañeros o dando vueltas al campo tras ganar la Copa del Mundo. En cambio, la que quizás fue la mejor jornada de la carrera deportiva de Claudio Chiapucci, aquella victoria de etapa en Sestriere en el Tour de 1992, la celebró entre calambres, dolores, tiriteras y llanto en la mesa del masajista del equipo Carrera. También, la satisfacción deportiva de Santi va de la mano del sufrimiento, de llevar el cuerpo al límite, de un gran esfuerzo, y de resistir y persistir. En Un Jurista entre bambalinas admiramos a los que luchan por conseguir sus sueños, a los que saben que no hay límites o a los que no descansan cuando se trata de alcanzar sus metas; y, sin duda, Santi es de esos.

Tras varios años cosechando grandes resultados en triatlones e ironmans, el fin de semana pasado Santi fue finisher -como se denomina en el argot a estos superdeportistas cuando consiguen finalizar- del Ironman de Zurich. Puede parecer una prueba más, pero no lo es. Está sólo al alcance de deportistas que están a otro nivel, de cuerpos y mentes de hierro. Los que no estamos acostumbrados nos cansamos solamente con pensar cuánto nadan, pedalean y corren. En concreto, esta exigente disciplina exige 3,84 kilometros a nado, 180 kilometros en bici y correr un maratón -42,2 kilometros-.

El objetivo de este dombenitense era poder clasificarse para el Campeonato del Mundo en Hawai. Terminó el 24º entre 2.500 participantes -el 2º español-  con una marca de 9 horas y 28 minutos. Una gran gesta. Sin embargo, desafortunadamente, por tan sólo un minuto no logró la tan ansiada clasificación. ¡Qué lastima! En cualquier caso, no puedo más que felicitarle y demostrarle mi admiración, además, de animarle para que siga persiguiendo su objetivo.

No conozco mucho a Santi, pero sí a sus padres y a su hermano, por lo que sé que además de un hombre de acero, es un gran tipo. Cosa que demostró al comentar la prueba en su tablón de facebook escribiendo: “esto no me hunde, me da más fuerza para seguir creciendo“. Sigue creciendo, Santi, muchísimo ánimo.

Otro enorme traspiés

Escribir es para mi un ejercicio de liberación. Una medicina. Una necesidad. Éste es mi primer remedio frente al desconsuelo, la tristeza, la frustración y la sensación de fracaso que ahora me invade.

Sí, como imaginas, ayer volví a suspender. No hay mucho más que contar al respecto. Se repitió la misma pesadilla del año pasado. Me quedé bloqueado cuando había comenzado a cantar los temas.

El día que dejé mi trabajo en un gran despacho para embarcarme en esta aventura sabía los riesgos y la dureza. No pude conseguir el objetivo y ahora estoy jodido –perdonadme, la expresión– y no me consuela nada. Aún así no hay de qué arrepentirse. Con el disgusto, la noche en blanco y la cercanía del fallo todo puede parecer negro pero soy consciente que la felicidad está en el camino y que fui un afortunado por haber podido perseguir mi vocación.

Toca levantarse y éste es el primer paso. Emprender nuevos caminos y mirar hacia nuevos horizontes. Entre los últimos tuits que dejó escritos Ivan Fandiño, quien fue un ejemplo de lucha por su sueño, decía dos cosas que son muy útiles, que nadie encuentra su camino, sin haberse perdido varias veces y que en la vida hay que morder el polvo alguna vez de verdad.

Todo suma en la vida. Y este fracaso y estos momentos de sabor agrio son producto de vivir y confío en que me ayuden a crecer. Me quedo con la anécdota que contaban el otro día en el blog kontencioso.es. Al procesalista Michael Taruffo le preguntaron qué tiempo le había llevado preparar una conferencia de una hora y replicó que “68 años, ocho meses y la última hora que he reflexionado a fondo sobre lo que debía decir, porque lo que pienso es el fruto de toda una vida”. Pues eso, esto me ayudará a preparar mi conferencia.

No puedo terminar sin agradecer a mis padres, mi novia, mis amigos y mis preparadores todo lo que me han ayudado y pedirles perdón por haberles defraudado. Ahora empieza un nuevo camino y creo, firmemente, a pesar del momento, que la vida es un canto a la esperanza y una llamada a la lucha, y os sigo necesitando conmigo.

La maldición de las obras

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Nos persiguen las obras. Sí, los opositores tenemos una maldición. Basta con que empecemos a estudiar en un sitio para que comiencen construcciones, rehabilitaciones o reparaciones. Da igual dónde que ya habrá una avería en casa, un vecino que reforma el piso, una comunidad que decide cambiar las bajantes o un Ayuntamiento que arregla las calles.

Os cuento la última. La habitación de mi casa en Madrid da al patio interior de dos comunidades. Están reformando uno de los pisos de enfrente. A juzgar por el tiempo que llevan, están haciendo seguro una pequeña réplica de El Escorial. Las sesiones de martillo -no sé de dónde sacarán tanto qué picar- son diarias, tremendamente ruidosas y largas. Ni con tapones logras no escuchar semejantes golpes. Y ahí no acaba la cosa, a uno de los operarios le gusta escuchar Radio Olé, así que pone su transistor a todo meter en su terraza del patio interior para mi desesperación y cuando parece que se les ha quedado sin pilas, el encargado se habla por teléfono a voz en grito dando presupuestos y encargos.

Seguro que estáis pensando que soy un exagerado, pero os prometo que me quedo corto. Y es que esta obra no es la única que he sufrido recientemente. En el último mes han cambiado las bajantes de mi edificio, en concreto, de mi letra. Menos mal que me ha cogido en Don Benito, pero ni aún así me he librado de los ruidos y molestias de la construcción. Justo al lado de mi casa, están construyendo otra.

Podría pensar que tengo mala suerte y debo irme a vivir a ciudades donde necesiten que repunte el sector de la construcción, pero he detectado que éste es un mal endémico de los opositores. Al comentárselo a mi preparadora y a otras dos amigas opositoras, reaccionaron con indignación y desesperación contando que también sus vecinos habían decidido, coincidiendo con su encierro estudiantil, reformar sus casas y que las obras les persiguen como el coyote al correcaminos.

No queda otra más que armarse de paciencia, abastecerse de tapones para los oídos y maldecir en silencio a los amantes –principalmente, nuestros vecinos- de las obras, las reparaciones y el bricolaje.

A la comunidad del Hogar de Ancianos Santa Teresa de Jornet.

Ayer despedimos a mi abuela Laura en la Capilla de Santa Teresa de Jornet después de una larga y tortuosa enfermedad. Durante los dos últimos meses de vida, estuvo ingresada en el Hogar de Ancianos de Santa Teresa de Jornet en Don Benito. No quería dejar pasar la ocasión y dedicarles unas palabras de elogio y agradecimiento a las monjas de la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y al personal del Hogar que con tanto cariño, entrega, disposición y generosidad nos ayudaron a cuidarla, mimarla y a hacer que sus últimos momentos estuviese rodeada de amor.

Desde que ingresó a principios de abril, nos acogieron e hicieron sentir como en casa. Todo han sido facilidades. Asimismo, era sumamente reconfortarte ver con qué entrega y amor cuidan de los ancianos.

Abusamos del símil del camino para explicar la vida. Prefiero pensar que es un tren, de esos que va a toda velocidad y que todavía no han llegado a Extremadura. Pasa volando, se va en un suspiro y si te descuidas la pierdes. Nuestro tren cruza muchas estaciones donde suben y bajan viajeros. Allí, en el Hogar de Ancianos, se bajó para siempre una de las mejores pasajeras de mi tren. Sin embargo, como nunca todo es negativo, se subieron a él: otros ancianos del Hogar, siempre tan agradecidos; las cuidadoras que trabajan allí, en especial las de la planta de enfermería de mujeres –disculpad que las nombré, no quiero por un despiste olvidar a ninguna-, que tan bien cuidaron a mi abuela; el resto de personal del centro, destacando a Manuel Martín-Pero y Ana Aguilar, que tantísimo nos ayudaron; y las hermanas de los Ancianos Desamparados, con mención especial a la Madre Superiora y a Sor María, que nos dieron muchísimo cariño en momentos tan duros.

 Con profundo agradecimiento este post está especialmente dedicado a las monjas de la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, al personal y ancianos residentes que forma la comunidad del Hogar de Ancianos Santa Teresa de Jornet en Don Benito.

Descansa en Paz, Abuela Laura.

 

Dios es amor, y el que está en el amor está en Dios, y Dios en él
(1 Juan 4:8 )

 

Abuela, querida abuela:

Dostoievski, un hombre profundamente religioso, pidió ser enterrado con un ejemplar de El Quijote. Quería que cuando Dios le preguntara qué había hecho en su vida, poder mostrárselo y responder: “leer esta maravilla”. No sé que deseabas tú para el día de tu funeral. Nunca te gustó hablar de ello. Hasta el último momento estuviste aferrada a la vida. Y, es que vivir es la cosa más maravillosa que se ha inventado, a pesar de los tragos amargos –como el que hoy pasamos–. Tú, lo tenias claro.

Me niego a despedirte con palabras tristes, sobre a ti, que has sido ejemplo de vida, entrega y afecto; que con tan buen humor nos criaste y mimaste; y, que tanta vitalidad derrochaste.

Te has marchado poco a poco, como una vela que se apaga; pero tu luz no se ha ido, seguirá iluminando nuestros corazones y recuerdos.

La felicidad para ser plena tiene que ser compartida. Afortunadamente, fuimos muy felices contigo, nos cuidamos y dimos amor mutuamente. Hoy se marcha un pedacito de nuestra felicidad. Vivimos y disfrutamos tanto juntos que el vacío que has ido dejando mientras la enfermedad te torturaba y deterioraba será ya imposible de rellenar.

No llevas El Quijote, pero dile a Dios que, lo más importante, es que fuimos muy felices disfrutándote, aprendiendo de tu sabiduría popular –eso que yo llamo cultura en las venas– o riéndonos, tantas veces y de tantas cosas. Seguro que como nosotros, que hoy tristes, te despedimos, en el cielo sabrán apreciar lo valiosos que son tu cariño y tu humor.

Dios te tenga en su eterna Gloria.

Te quiero mucho abuela.

Descansa en Paz.

Te quiero mucho, abu

FullSizeRender (6)Te estás marchando poco a poco, como una vela que se apaga. Has resistido, como la mujer dura que siempre fuiste, a una enfermedad degenerativa que ha terminado postrándote en una cama y haciéndote necesitar respiración asistida. Sigo pensando que aún tan enferma me sientes a tu lado y notas mi cariño en la fase final.

Para mi hermana y para mi, tú has sido más que una abuela. Fuiste, además, madre a tiempo parcial cuando la nuestra trabajaba; maestra en las cuestiones de la vida que se solventan mejor con experiencia y sabiduría que con ecuaciones o fórmulas químicas; y, compañera de juegos y bromas.

Te llevo y te llevaré siempre conmigo. Te recordaré riendo y de buen humor. Te echaré de menos, muchas veces y con demasiada frecuencia. Me reiré con todas las anécdotas que acumulamos. No dejaré de utilizar tus múltiples expresiones, “viviendo y aprendiendo”, “ca´ joio va a su habio” y tantas otras. Seguiré tu ejemplo de trabajo y lucha.

No encuentro muchas más palabras, te quiero mucho, abu.

Estudiar tras un suspenso

descarga (37)Cada vez falta menos para el examen, algo más de dos meses o menos de tres –todo depende de cómo se mire– y los días se consumen entre repasos y cantes. Últimamente no he tenido tanto tiempo para pasar por aquí a contaros mis aventuras y desventuras de opositor.

Asumo que tener un blog donde contar estas experiencias supone en algunos casos una suerte de pornografía emocional. No quisiera ganar lectores por mis striptease anímicos y emocionales, si no que el relato de estas experiencias enriquezcan a otros que pasan por situaciones similares. Así, me alegra sobremanera los compañeros y compañeras del gremio opositoril que me dicen que mis post sobre las oposiciones les ayudan. Es todo un halago

Hoy, quisiera hablaros de cómo se enfrenta una nueva convocatoria tras un suspenso. Como sabéis los que frecuentáis esta taberna, en julio pasado fallé al quedarme en blanco y suspendí.

Después de semejante traspiés, es difícil borrar la experiencia traumática de un plumazo y dejarla atrás. Para reemprender el camino hay que liberar la tensión del momento y utilizar el traspiés como catarsis. La dificultad reside en deshacerte de las ideas negativas que te angustian y minan tu salud emocional. Si repites en tu mente el acontecimiento perturbador del suspenso, acabas frustrándote y angustiándote y tu capacidad para concentrarte disminuirá considerablemente. En estos meses, he aprendido –a base de palos­– que mientras más cansado estás con más intensidad aparecen los pensamientos negativos. Así, mi remedio ha sido descansar más y pensar que mi cota de mala suerte ya está cubierta.

Si has pasado por la situación a la que me vengo refiriendo, seguro que te has sentido culpable. La sensación de fracaso, de haber defraudado a los que te apoyaban y confiaban en ti o la enorme frustración te llevan a arrastrar un sentimiento de culpa que te atenaza. Claro está, que si has hecho todo lo posible no debería aparecer esa culpa, pero cuando eres exigente contigo mismo y quieres conseguir tu objetivo, no es tan fácil eliminarla. Lo que hay que evitar a toda costa es alimentarla. En mi caso, cuando la dichosa culpabilidad sobrevuela entre mis emociones me pregunto, siguiendo la recomendación de un amigo, ¿eres mejor o peor por haber aprobado o suspendido?

Las bollas y empanadillas calabazonas

Si Proust hubiese nacido en Don Benito en lugar de la magdalena hablaríamos de la empanadilla de cabello de ángel. En Semana Santa, las despensas calabazonas se llenan de exquisitos dulces artesanos. Estos días se comen bollas, perrunillas, galletas rizadas, hornazos –no confundir con los salmantinos, los nuestros, se caracterizan por tener un huevo con cáscara en el centro, rodeado y sujeto por tiras de masa–, las sultanas de coco o empanadillas con relleno de calabaza, cabello de ángel o almendra.

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Mujeres con sus dulces hacia el obrador. Foto de Diego Sánchez Cordero

En vísperas de Semana Santa, antaño, cada casa se convertía en una dulcería y las mujeres se afanaban en seguir la tradición familiar. Las recetas y los trucos reposteros iban pasando de generación en generación. En libretas amarillentas por el paso del tiempo y con alguna que otra mancha de masa, se guardan grandes secretos reposteros como si de la fórmula de la Coca-Cola se tratase. Como podéis imaginar, en esta época sin tiempo y en la que todo se compra, la costumbre ha disminuido. Aunque todavía la semana pasada podían verse mujeres caminando con los brazos en jarra llevando las latas con sus dulces a cocer al obrador. Me crucé el viernes pasado, con una señora cargada de sultanas y bollas por las cuestas de la Calle el Aire y Buenavista cuando salía del horno de la panadería de La Gloria, desprendiendo un olor que alimentaba. Os prometo que daban ganas de cogerle alguna al descuido.

Como muchas de nuestras tradiciones, detrás de la gastronomía hay todo un rito social. Los dulces se comían y compartían con la familia y amigos los días de gira y se entablaba una sana competencia entre las dulceras para ver cuáles eran los mejores. Así, aprovechábamos gustosos los comensales para dar buena cuenta de los manjares, repitiendo, en muchos casos, para poder hacer una correcta valoración y no ser injustos con nuestras puntuaciones. Y como siempre sobraban, los calabazones instauramos el “domingo de Quasimodo” –domingo posterior al de Resurección- en el que se come todo.

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Las empanadillas de mi madre

Afortunadamente, mi madre, excelente cocinera, también continúa año tras año haciendo estos dulces típicos. Permitidme que diga sin exagerar que sus empanadillas de hojaldre rellenas de almendra no tienen parangón. Cada año hay una suerte de procesión de feligreses del dulce que vienen a casa a probar las empanadillas de Adela. Aprendió los trucos y secretos de la laboriosa elaboración de estas empanadillas de María Pajares –q.e.p.d–, otra dulcera digna de mención y matriarca de una familia que forma parte de la nuestra gracias a la amistad, forjada también con valores de otro tiempo, que nos une.

Nota: Imposible poder documentar gráficamente una tradición dombenitense sin una foto de Diego Sánchez Cordero.

Ayudemos a Cristina a cumplir un sueño.

CRISTINA

Qué poco diría en favor de este blog si no lo pusiese a disposición de una amiga para que pueda cumplir un sueño. Así que aquí estoy dándole un empujoncito y de paso pidiéndoos a vosotros que también la ayudéis.

El mundo es de los que sueñan y pelean por conseguir sus sueños y, desde luego, Cristina Valadés es de esas personas. Mujer joven, sobrada de fuerzas y ganas, con grandes valores –Jacobo y Manuela tienen muchos motivos para sentirse orgullosos–, y trabajadora que compagina su trabajo, su compromiso político –es concejala de juventud en Don Benito­– y su gran pasión el mundo de la música.

Todavía recuerdo con nitidez la primera vez que la oí en un video versionando a Malu con su hermano Javi a la guitarra. ¡Qué voz, madre mía! Además, es pura fuerza encima del escenario, con carisma, presencia y arte. Compagina varios proyectos musicales como son Amapolas Band –grupo musical compuesto por tres mujeres que versionan temas de los años 60, 70 y 80, armonizando a tres voces– y Rumbeando –grupo que versiona rumbas con un toque fresco– y ahora se ha presentado al casting Gana con tu voz previo al concurso La Voz y ahí es dónde tenemos que echarle una mano. Es muy fácil. Tan sólo, tenéis que pinchar AQUÍ y buscar el vídeo de “Cristina Valadés” con la canción “The Final Contdown” y votar. Ayudemos a Cristina a conseguirlo y de paso sigamos disfrutando de su gran voz.