Estudiar tras un suspenso

descarga (37)Cada vez falta menos para el examen, algo más de dos meses o menos de tres –todo depende de cómo se mire– y los días se consumen entre repasos y cantes. Últimamente no he tenido tanto tiempo para pasar por aquí a contaros mis aventuras y desventuras de opositor.

Asumo que tener un blog donde contar estas experiencias supone en algunos casos una suerte de pornografía emocional. No quisiera ganar lectores por mis striptease anímicos y emocionales, si no que el relato de estas experiencias enriquezcan a otros que pasan por situaciones similares. Así, me alegra sobremanera los compañeros y compañeras del gremio opositoril que me dicen que mis post sobre las oposiciones les ayudan. Es todo un halago

Hoy, quisiera hablaros de cómo se enfrenta una nueva convocatoria tras un suspenso. Como sabéis los que frecuentáis esta taberna, en julio pasado fallé al quedarme en blanco y suspendí.

Después de semejante traspiés, es difícil borrar la experiencia traumática de un plumazo y dejarla atrás. Para reemprender el camino hay que liberar la tensión del momento y utilizar el traspiés como catarsis. La dificultad reside en deshacerte de las ideas negativas que te angustian y minan tu salud emocional. Si repites en tu mente el acontecimiento perturbador del suspenso, acabas frustrándote y angustiándote y tu capacidad para concentrarte disminuirá considerablemente. En estos meses, he aprendido –a base de palos­– que mientras más cansado estás con más intensidad aparecen los pensamientos negativos. Así, mi remedio ha sido descansar más y pensar que mi cota de mala suerte ya está cubierta.

Si has pasado por la situación a la que me vengo refiriendo, seguro que te has sentido culpable. La sensación de fracaso, de haber defraudado a los que te apoyaban y confiaban en ti o la enorme frustración te llevan a arrastrar un sentimiento de culpa que te atenaza. Claro está, que si has hecho todo lo posible no debería aparecer esa culpa, pero cuando eres exigente contigo mismo y quieres conseguir tu objetivo, no es tan fácil eliminarla. Lo que hay que evitar a toda costa es alimentarla. En mi caso, cuando la dichosa culpabilidad sobrevuela entre mis emociones me pregunto, siguiendo la recomendación de un amigo, ¿eres mejor o peor por haber aprobado o suspendido?

Las bollas y empanadillas calabazonas

Si Proust hubiese nacido en Don Benito en lugar de la magdalena hablaríamos de la empanadilla de cabello de ángel. En Semana Santa, las despensas calabazonas se llenan de exquisitos dulces artesanos. Estos días se comen bollas, perrunillas, galletas rizadas, hornazos –no confundir con los salmantinos, los nuestros, se caracterizan por tener un huevo con cáscara en el centro, rodeado y sujeto por tiras de masa–, las sultanas de coco o empanadillas con relleno de calabaza, cabello de ángel o almendra.

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Mujeres con sus dulces hacia el obrador. Foto de Diego Sánchez Cordero

En vísperas de Semana Santa, antaño, cada casa se convertía en una dulcería y las mujeres se afanaban en seguir la tradición familiar. Las recetas y los trucos reposteros iban pasando de generación en generación. En libretas amarillentas por el paso del tiempo y con alguna que otra mancha de masa, se guardan grandes secretos reposteros como si de la fórmula de la Coca-Cola se tratase. Como podéis imaginar, en esta época sin tiempo y en la que todo se compra, la costumbre ha disminuido. Aunque todavía la semana pasada podían verse mujeres caminando con los brazos en jarra llevando las latas con sus dulces a cocer al obrador. Me crucé el viernes pasado, con una señora cargada de sultanas y bollas por las cuestas de la Calle el Aire y Buenavista cuando salía del horno de la panadería de La Gloria, desprendiendo un olor que alimentaba. Os prometo que daban ganas de cogerle alguna al descuido.

Como muchas de nuestras tradiciones, detrás de la gastronomía hay todo un rito social. Los dulces se comían y compartían con la familia y amigos los días de gira y se entablaba una sana competencia entre las dulceras para ver cuáles eran los mejores. Así, aprovechábamos gustosos los comensales para dar buena cuenta de los manjares, repitiendo, en muchos casos, para poder hacer una correcta valoración y no ser injustos con nuestras puntuaciones. Y como siempre sobraban, los calabazones instauramos el “domingo de Quasimodo” –domingo posterior al de Resurección- en el que se come todo.

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Las empanadillas de mi madre

Afortunadamente, mi madre, excelente cocinera, también continúa año tras año haciendo estos dulces típicos. Permitidme que diga sin exagerar que sus empanadillas de hojaldre rellenas de almendra no tienen parangón. Cada año hay una suerte de procesión de feligreses del dulce que vienen a casa a probar las empanadillas de Adela. Aprendió los trucos y secretos de la laboriosa elaboración de estas empanadillas de María Pajares –q.e.p.d–, otra dulcera digna de mención y matriarca de una familia que forma parte de la nuestra gracias a la amistad, forjada también con valores de otro tiempo, que nos une.

Nota: Imposible poder documentar gráficamente una tradición dombenitense sin una foto de Diego Sánchez Cordero.

Ayudemos a Cristina a cumplir un sueño.

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Qué poco diría en favor de este blog si no lo pusiese a disposición de una amiga para que pueda cumplir un sueño. Así que aquí estoy dándole un empujoncito y de paso pidiéndoos a vosotros que también la ayudéis.

El mundo es de los que sueñan y pelean por conseguir sus sueños y, desde luego, Cristina Valadés es de esas personas. Mujer joven, sobrada de fuerzas y ganas, con grandes valores –Jacobo y Manuela tienen muchos motivos para sentirse orgullosos–, y trabajadora que compagina su trabajo, su compromiso político –es concejala de juventud en Don Benito­– y su gran pasión el mundo de la música.

Todavía recuerdo con nitidez la primera vez que la oí en un video versionando a Malu con su hermano Javi a la guitarra. ¡Qué voz, madre mía! Además, es pura fuerza encima del escenario, con carisma, presencia y arte. Compagina varios proyectos musicales como son Amapolas Band –grupo musical compuesto por tres mujeres que versionan temas de los años 60, 70 y 80, armonizando a tres voces– y Rumbeando –grupo que versiona rumbas con un toque fresco– y ahora se ha presentado al casting Gana con tu voz previo al concurso La Voz y ahí es dónde tenemos que echarle una mano. Es muy fácil. Tan sólo, tenéis que pinchar AQUÍ y buscar el vídeo de “Cristina Valadés” con la canción “The Final Contdown” y votar. Ayudemos a Cristina a conseguirlo y de paso sigamos disfrutando de su gran voz.

Una emotiva placa en mi casi jubilación de JSE

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El pasado 22 de octubre de 2016 se celebró el XV Congreso Provincial de Juventudes Socialistas de Badajoz en el que fue reelegido como Secretario General Ismael Albano. Sentí mucho no haber podido asistir y acompañar a Ismael y a la ejecutiva saliente con la que había colaborado de manera cercana. Pasados los meses, dado que ha sido difícil coincidir, me han hecho llegar a través de un excelente mensajero, Alejandro Mendoza, una placa en la que agradecen mi trabajo y colaboración. Me siento profundamente halagado.

Fueron muchas las mociones que hicimos para presentar en los Ayuntamientos  de la provincia reclamando planes de empleo juveniles, denunciando los recortes en educación, defendiendo la autonomía local o exigiendo el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. Debatimos, por teléfono y en persona, posturas y enmiendas a documentos programáticos. Redactamos documentos varios promoviendo debates y fijando posturas. Recuerdo los whatsapp de Carlos Esquiliche e Ismael tratando de acortar los plazos para la elaboración o las jornadas en Olivenza donde me dejaron hablar de Derecho en una charla junto Eva Núñez. Este blog les debe mucho por ayudarme a soltarme con la pluma. Robé, con gusto, horas al sueño tratando de ayudar a construir un mundo más igualitario y justo desde Juventudes Socialistas, encontrando a mi lado grandes compañeros y compañeras que se convirtieron en amigos y amigas.

Gracias a la anterior ejecutiva por tener este detalle conmigo. Un gesto que tiene un valor especial porque no había un porqué. Mención destacada merece su Secretario General, Ismael, con el que tanto he debatido desde el respeto y la amistad sobre modelos de financiación, consideraciones de lo público, o reformas de nuestro sistema. un gesto especial dentro de esa ejecutiva merecen dos amigas, a las que he molestado con cosas de campañas y rollos varios en muchas ocasiones, Marta Núñez y Cristina Valadés, dos encantos que siempre tienen una sonrisa bajo la manga. También a Fran Cruces, Carlos Esquiliche, Juan Antonio Gil, Juan Carlos Prieto y Alberto Villa por los debates y los momentos de esparcimiento y diversión. A todos los miembros de esa ejecutiva, muchas gracias, por vuestro cariño, por la compañía en la lucha y por las enseñanzas. No puedo terminar el post sin agradecer a Soraya Vega, a Julio Rodríguez y, después, a Alejandro Mendoza, que desde la Comisión Ejecutiva Regional también contribuyeron a facilitar mi participación.

Prometo por mi jubilación escribir un post de #socialismoafectivo por todo lo que compartí y aprendí de tantos compañeros y compañeras.

Entrevista a José Luis Quintana, un alcalde apasionado.

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La pasión con la que se hacen las cosas marca el resultado. Y este alcalde derrocha pasión por Don Benito. Ya sé que es muy típico y tópico aludir a la pasión de un político por su ciudad, pero es que en este caso es como un enamoramiento, siempre Don Benito en la boca y volcado trabajando por impulsar la ciudad a costa, muchas veces, de robar tiempo a su familia –no recuerdo su último fin de semana libre–. Estas Navidades tomamos unos amigos y yo un café con él y no paró de hablar de Don Benito, hasta el punto que el café terminó montados en el coche visitando algunos lugares de la ciudad. Uno de mis amigos decía, tú padre vive por Don Benito, ¡qué pasión!”.

En el video de la entrevista a José Luis Quintana que comparto en este post, y que le hicieron esta mañana en Canal Extremadura, se puede ver cómo vive Don Benito. Como él mismo relata, en los veinte meses que lleva al frente del Ayuntamiento, la ciudad ha comenzado un cambio que parece imparable, con la implantación de nuevas empresas, la remodelación del centro de la ciudad y la zona comercial, la disminución del desempleo o la recuperación de FEVAL como referente.

Don Benito es el referente económico de Extremadura y como bien dice el alcalde en la entrevista, tenemos que creernos nuestro potencial. Explica los pasos que se están dando para preparar a la capital de las Vegas Altas para afrontar el futuro de manera exitosa en términos económicos, sociales, tecnológicos o de movilidad. Ensalza el potencial de la ciudad, con la zona industrial y comercial, quizás, más importante de la ciudad, con un empresariado pujante, emprendedor y comprometido, y con un sector agrario envidiable. Alaba el potencial de Medellín, un gran descubrimiento, del que sé que es asiduo visitante y buen conocedor. Además, queda clara su vocación de trabajar conjuntamente con Villanueva de la Serena, como ya se ha hecho para conseguir fondos europeos, porque, tomando sus palabras, juntos somos más fuertes.

No le gusta hablar de debates internos del PSOE fuera de los órganos del partido, pero no rehúye las preguntas del periodistas y los contertulios –siempre tan interesados en los temas internos de los partidos políticos–, él apoya a Pedro Sánchez.

No os cuento más que no quiero haceros spoiler. ¡Vedla!

 

Un brindis por la Abacería Sierra & Mar

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Soy un enamorado de Isla Cristina, ese magnifico pueblo onubense con marisma y nombre de reina. Ojalá algún día me acepten como hijo adoptivo.

He pasado allí semanas enteras encerrado estudiando, cantando temas y repasando artículos. Ese tiempo se hizo siempre mucho más llevadero gracias a la Abacería Sierra & Mar y a su alma mater, mi amigo, Paco de los Santos. Allí encontré el esparcimiento necesario para aguantar las jornadas de estudio.

He escrito ya aquí sobre sus excelentes tapas y degustaciones. Os aconsejo, o más bien os ordeno, que si visitáis Isla os acerquéis y probéis una tapa de sardinas en escabeche, una degustación de bacalao ahumado, que son mis favoritas, o cualquiera que os recomiende el gran Paco.

La Abacería, además, tiene estilo e impronta, del techo cuelgan jamones de Cumbres Mayores y no bicicletas como en esos bares modernos y pretenciosos que proliferan en Madrid; es una suerte de recepción y de gran tablón de Facebook, donde charlar y pasarlo bien; y, un sitio donde sentirte como en casa con una Cruzcampo fresquita en la mano –en mi caso, sin alcohol, que como me gusta decir, después manejo maquinaria pesada–,

Recientemente, ha cumplido tres años abierta. Mi deseo es que sean muchos más. Jamás podré devolverle a Paco, su familia y su parroquia, el calor recibido. Vaya este post, como si fuese un brindis con Cruzcampo, por la Abacería Sierra & Mar y su gente.

La conjunción de astros opositoril

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Ya lo dije en alguna entrada, este blog quizás tenía que haberse llamado Un Opositor entre bambalinas. En ocasiones, fue una suerte poder venir aquí y desahogarme –ahorré en psicoanalistas–. Un Jurista entre bambalinas ha sido mi vía de escape y el diván en el que sentarme a contar las penas. No vayas a creer que ha sido fácil exponerse a hacer ciertos striptis emocionales, pero cuando abres un blog personal debes estar dispuesto a exponerte.

Estoy aproximándome peligrosamente al examen de la nueva convocatoria y periódicamente vendré por aquí a contaros mis aventuras para seguir ahorrando en psicólogos y, además, para tratar de ayudar a otros opositores que viven situaciones parecidas y, supongo que como yo, a veces se sienten solos e incomprendidos. Espero que os sirvan las reflexiones de hoy.

En mi anterior post hablé de lo pedregosa que es esta maldita o bendita vocación. La oposición es una montaña rusa emocional. La rutina y los hábitos ayudan a mantener los ánimos templados, pero ni mucho menos hacen desaparecer los momentos de agobio y desilusión que sobre todo sobrevienen, por lo menos en mi caso, cuando estoy muy cansado. Por eso, es importante respetar los descansos, como si fuesen tiempo de estudio. Por ejemplo, y tras darle muchas vueltas, la única explicación plausible a mi último suspenso –me quedé en blanco con el examen ya comenzado– es que llegué al día del examen exhausto. Mi preparador, alguna vez, me ha comentado que fallé por exceso de estudio.

Ahora, me encuentro en una etapa extraña. Sí, te explico. Seguro que si eres o has sido opositor lo entenderás fácilmente. Tras dos suspensos que fueron errores no forzados –en el primero fallé por un despiste con el tiempo asignado– y dominando el temario, la confianza está minada. Sabes que esto, como casi todo en la vida, depende de un uno por ciento que es determinante y que no controlas ni nunca lo vas a hacer. No sé muy bien como llamar a ese algo, pero con el siguiente ejemplo seguro que lo entiendes. Lola Flores cantó en Nueva York y al día siguiente una de las crónicas del espectáculo decía: “no canta, no baila, pero no se la pierdan”. Tenía ese algo determinante y fundamental. Una suerte de duende extrapolable a todos los campos. Esa conjunción de astros que todos los opositores imploramos que se dé el día en que nos examinamos. Ojalá, este año se dé, que del otro noventa y nueve por ciento ya me encargo yo.

El pedregoso camino de mi vocación

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Ayer, una amiga, a la que profeso gran cariño, escribió en mi muro de Facebook un mensaje de aliento y compartió la publicación de una página en la que se animaba a los estudiantes, opositores, a persistir en su lucha a pesar de los malos momentos y las renuncias. No supe cómo contestar y me fui a la cama repasando los últimos años. Hoy, con más fuerzas, decidí sentarme en el diván de Un Jurista entre bambalinas, que ya comenzaba a tener desatendido, para responder.

Llegué al camino pedregoso de la oposición, cuando comenzaba a tener una incipiente carrera en la abogacía de los negocios, empujado por una vocación, la del servicio público. Llevo decenas de meses encerrado en una habitación rodeado de temas, códigos y subrayadores. Estudio seis días a la semana, un mínimo de 10 horas diarias. Como puedes comprender, he renunciado a muchas cosas y he tenido momentos en que he estado a punto de tirar la toalla.

Hace casi dos años, suspendí por un despiste con el cronometro y un descuadre de tres minutos. En 2016, con el toro en la plaza y cuando estaba dándole, valientes, certeros y bonitos capotazos, inexplicablemente me quedé en blanco. Fui como aquel ciclista al que una pájara le arrebata el Tour que tenía escrito su nombre. Después de estos dos traspiés, con el sabor del fracaso inundándome el paladar, con la autoestima por los suelos y lleno de dudas, me planteé muchas cosas.

No te negaré que estuve al borde del abandono. Estaba agotado. No comprendía por qué me había quedado en blanco. Busqué durante semanas las causas. Me convencí de que no merecía la pena. No quería privarme más de pasar tiempo con mi familia, hacer planes con mis amigos, robarle horas al sueño, disfrutar de mi novia o cultivar mis hobbies. Creí que no tenía más fuerzas para seguir aguantando la presión, los nervios y la incertidumbre.

Al final, pudo más, de nuevo, la vocación. ¡Maldita o bendita vocación! Consciente del camino recorrido, de lo que quería, del apoyo de mis padres, Lola, mi hermana y esos incondicionales que nunca me han abandonado, del consejo sabio y sincero de mis preparadores, decidí continuar persiguiendo mi sueño, mi vocación. Siempre he pensado que el mundo es de los que no se detienen ni se rinden en la consecución de sus sueños. Así que estoy de nuevo ya convocado y en pocos meses me examino.

Al igual que te confieso que paso momentos de desanimo, con mis duquelas y mis penas, en la soledad de mi cuarto, que algunos días cuando suena el despertador a las seis de la mañana me cuesta encontrar los ánimos y la ilusión –no, mamá, no es por el desorden de la habitación– o que hay semanas que aborrezco el Derecho que siempre fue una de mis pasiones, también te digo que disfruté aprendiendo, que tuve un subidón enorme cuando mi preparador me dijo que dominaba el temario o cuando vi el aprobado cerca. He superado siempre las malas rachas o las faltas de ganas porque creo que soy un privilegiado que puede perseguir su sueño, y eso es una suerte.

He hecho y sigo haciendo lo que debía, con un poco de suerte, espero salir en unos meses de éste, mi gulag particular. Gracias por ayudarme a transitar el pedregoso camino de mi vocación.

Julito, avisado estabas, ¡feliz cumple!

Todo empezó hace unas semanas, un sábado soleado de este otoño. Iba paseando distraído, absorto en la lectura de una novela, cuando una chica –para mi ella aún no era señora– bastante guapa, chilló al que debía ser su hijo: «¡Alfonso, no molestes al señor con la pelota». Sí, eso dijo, al señor. Aquello me sacó de la lectura y me sumió en melancólicos pensamientos –os prometo que no iba leyendo a Pessoa– sobre el paso del tiempo y lo viejo que nos hacemos. La cosa no quedó ahí. Pocos días después, llegó a mis manos “Cómo ser el señor Lehman”, la historia del paso a los treinta de un barman en el bohemio y berlinés barrio de Kreuzberg. El virus ya estaba inoculado. Lo identifiqué, tras mucho cavilar, al leer la crítica de la última película de Bárbara Lennie, “María y los demás”. Solo, poseído por una suerte de hipocondría sentimental, me diagnostiqué la crisis de los treinta. Esa crisis que llega cuando tienes que empezar a jubilar los pájaros de tu cabeza.

Comprenderás, compadre, que con este fantasma rondándome, me aterre encarar el cumpleaños de un quinto, pero, las obligaciones mandan –cosa de los treinta ya, supongo–, y no podía dejar de escribirte esta laudatio.

Sería demasiado osado, por mi parte, teorizar sobre la amistad cuando tú condensaste todo lo que ésta conlleva en un magnifico y celebrado brindis. Además, ya hemos hecho juntos guardia en las suficientes garitas como para saber de qué va todo esto e identificar a quién está dispuesto a permanecer a tu lado a pesar de todo.

Te estarás preguntado, querida lectora o querido lector, que a quién va dirigido todo esto. Pues, estoy refiriéndome a mi gran amigo, Julio Carmona, con motivo de su próximo trigésimo primer aniversario. Espero que sepas perdonarme, y sigas viniendo por aquí, aunque las próximas palabras sean algo cursis y manidas, pero no se me ocurrían otras mejores para hablar de un tipo al que quiero tanto. En todo caso, las culpas se las puedes echar a mi corazón, que es el que ha dictado esta entrada.

14721541_1131988606891599_2651680718790088374_nJulito ha llegado a los treinta siendo ese tío que todos quieren tener en su vida porque te hace mejor, te ayuda a levantarte cuando has tropezado, y está contigo tanto en las noches de farra como en los momentos más sombríos.

Trabajador incansable. Encadena jornadas maratonianas, con múltiples trabajos y quehaceres, sin olvidarse de mandar audios de cinco minutos por Whatsapp a sus amigos. Fijaos si es currela, que andaba buscando trabajo y le dijeron: «Mira, aquí sólo tenemos una cosilla, pero son doce horas al día», y contestó «Sí eso venía buscando, una media jornada». No te exagero, a poca gente vi trabajar tanto y tan duro.

Además, tiene una de esas inteligencias con profundo pragmatismo y sentido común que te obligan a pedirle consejo, unos grandes valores –generosidad, honestidad, responsabilidad o integridad– aprendidos de sus padres, un gusanillo por el deporte que te contagia, un compromiso por hacer de este mundo un sitio mejor o unas ganas de pasárselo bien que le hacen acreedor de las mejores amistades.

Uno de nuestros más repetidos mantras es: “qué más da el sitio si la compañía es buena”. Y es que yendo con él y, por supuesto, también con su excelente fichaje, Sara, todo va ir de lujo.

Acumulamos batallas varias, que no es cuestión de contar aquí, en noches que comienzan con discursos grandilocuentes y terminan con tostadas con tomate y colacao; con fiestas en aquel templo de nuestra postadolescencia que fue el Ático; con charlas arreglando el mundo en bares que sirven patas bravas que llevan una salsa más radioactiva que picante; con risas contando chistes o imitando toreros; bebiendo un brandy Alexander en Diversis; o, disfrutando al encontrar botellas de licor escondidas en apartamentos de Airbndb. Aunque nos hacemos viejos, amigo, espero seguir compartiendo batallas contigo, gente como tú hay poca.

Julito, compadre, tenias razón que fuerza dan las estrellas.

Los políticos también tienen familia

Vivimos una época en que la política está muy desprestigiada y los políticos son, como el arbitro que se equivoca y señala un penalti inexistente en el minuto noventa, el foco de todas las iras. Pagan justos por pecadores. Acostumbrados, como estamos, a que los telediarios abran con operaciones policiales y juicios por corrupción, todos han sido metidos en el mismo saco. Esta generalización, como todas, no es válida, pues un buen número de ellos se dedica en cuerpo y alma, con honestidad, a tratar de mejorar su ciudad, su región o España.

Con la situación que se dibuja en el primer párrafo, os podéis ya imaginar que ser hijo de político no es nada fácil. Al tradicional estigma de ser hijo de, hay que sumar la escasa valoración de la dedicación de nuestros padres. Aparte, claro está, del tiempo que cedimos y dejamos de pasar con ellos.

976230_1Dejando a un lado los disgustos y malos momentos, cuando vemos tratar injustamente a nuestro padre, recibiendo campañas de desprestigio o ataques personales, es un orgullo para quienes creemos en la política que nuestro padre dedique parte de su vida laboral al ejercicio de una actividad noble que persigue el interés general. Soy así de romántico, considero que la política es el medio para transformar la realidad y mejorar la vida de tus conciudadanos.

Mañana sale a las librerías “Guillermo Fernández Vara, el desafío del cambio” en el que se relata la derrota electoral del actual Presidente de Extremadura en 2011 y su travesía posterior, escrito por su hijo Guillermo Fernández Martínez. Tengo ganas de leerlo además de por el tema, por quién lo escribe. Un testimonio así de primera mano, de alguien que sufre y conoce los entresijos más íntimos del político. Aunque pudiera no parecerlo, los políticos son personas y hasta tienen familia.