Entrevista a José Luis Quintana, un alcalde apasionado.

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La pasión con la que se hacen las cosas marca el resultado. Y este alcalde derrocha pasión por Don Benito. Ya sé que es muy típico y tópico aludir a la pasión de un político por su ciudad, pero es que en este caso es como un enamoramiento, siempre Don Benito en la boca y volcado trabajando por impulsar la ciudad a costa, muchas veces, de robar tiempo a su familia –no recuerdo su último fin de semana libre–. Estas Navidades tomamos unos amigos y yo un café con él y no paró de hablar de Don Benito, hasta el punto que el café terminó montados en el coche visitando algunos lugares de la ciudad. Uno de mis amigos decía, tú padre vive por Don Benito, ¡qué pasión!”.

En el video de la entrevista a José Luis Quintana que comparto en este post, y que le hicieron esta mañana en Canal Extremadura, se puede ver cómo vive Don Benito. Como él mismo relata, en los veinte meses que lleva al frente del Ayuntamiento, la ciudad ha comenzado un cambio que parece imparable, con la implantación de nuevas empresas, la remodelación del centro de la ciudad y la zona comercial, la disminución del desempleo o la recuperación de FEVAL como referente.

Don Benito es el referente económico de Extremadura y como bien dice el alcalde en la entrevista, tenemos que creernos nuestro potencial. Explica los pasos que se están dando para preparar a la capital de las Vegas Altas para afrontar el futuro de manera exitosa en términos económicos, sociales, tecnológicos o de movilidad. Ensalza el potencial de la ciudad, con la zona industrial y comercial, quizás, más importante de la ciudad, con un empresariado pujante, emprendedor y comprometido, y con un sector agrario envidiable. Alaba el potencial de Medellín, un gran descubrimiento, del que sé que es asiduo visitante y buen conocedor. Además, queda clara su vocación de trabajar conjuntamente con Villanueva de la Serena, como ya se ha hecho para conseguir fondos europeos, porque, tomando sus palabras, juntos somos más fuertes.

No le gusta hablar de debates internos del PSOE fuera de los órganos del partido, pero no rehúye las preguntas del periodistas y los contertulios –siempre tan interesados en los temas internos de los partidos políticos–, él apoya a Pedro Sánchez.

No os cuento más que no quiero haceros spoiler. ¡Vedla!

 

Un brindis por la Abacería Sierra & Mar

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Soy un enamorado de Isla Cristina, ese magnifico pueblo onubense con marisma y nombre de reina. Ojalá algún día me acepten como hijo adoptivo.

He pasado allí semanas enteras encerrado estudiando, cantando temas y repasando artículos. Ese tiempo se hizo siempre mucho más llevadero gracias a la Abacería Sierra & Mar y a su alma mater, mi amigo, Paco de los Santos. Allí encontré el esparcimiento necesario para aguantar las jornadas de estudio.

He escrito ya aquí sobre sus excelentes tapas y degustaciones. Os aconsejo, o más bien os ordeno, que si visitáis Isla os acerquéis y probéis una tapa de sardinas en escabeche, una degustación de bacalao ahumado, que son mis favoritas, o cualquiera que os recomiende el gran Paco.

La Abacería, además, tiene estilo e impronta, del techo cuelgan jamones de Cumbres Mayores y no bicicletas como en esos bares modernos y pretenciosos que proliferan en Madrid; es una suerte de recepción y de gran tablón de Facebook, donde charlar y pasarlo bien; y, un sitio donde sentirte como en casa con una Cruzcampo fresquita en la mano –en mi caso, sin alcohol, que como me gusta decir, después manejo maquinaria pesada–,

Recientemente, ha cumplido tres años abierta. Mi deseo es que sean muchos más. Jamás podré devolverle a Paco, su familia y su parroquia, el calor recibido. Vaya este post, como si fuese un brindis con Cruzcampo, por la Abacería Sierra & Mar y su gente.

La conjunción de astros opositoril

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Ya lo dije en alguna entrada, este blog quizás tenía que haberse llamado Un Opositor entre bambalinas. En ocasiones, fue una suerte poder venir aquí y desahogarme –ahorré en psicoanalistas–. Un Jurista entre bambalinas ha sido mi vía de escape y el diván en el que sentarme a contar las penas. No vayas a creer que ha sido fácil exponerse a hacer ciertos striptis emocionales, pero cuando abres un blog personal debes estar dispuesto a exponerte.

Estoy aproximándome peligrosamente al examen de la nueva convocatoria y periódicamente vendré por aquí a contaros mis aventuras para seguir ahorrando en psicólogos y, además, para tratar de ayudar a otros opositores que viven situaciones parecidas y, supongo que como yo, a veces se sienten solos e incomprendidos. Espero que os sirvan las reflexiones de hoy.

En mi anterior post hablé de lo pedregosa que es esta maldita o bendita vocación. La oposición es una montaña rusa emocional. La rutina y los hábitos ayudan a mantener los ánimos templados, pero ni mucho menos hacen desaparecer los momentos de agobio y desilusión que sobre todo sobrevienen, por lo menos en mi caso, cuando estoy muy cansado. Por eso, es importante respetar los descansos, como si fuesen tiempo de estudio. Por ejemplo, y tras darle muchas vueltas, la única explicación plausible a mi último suspenso –me quedé en blanco con el examen ya comenzado– es que llegué al día del examen exhausto. Mi preparador, alguna vez, me ha comentado que fallé por exceso de estudio.

Ahora, me encuentro en una etapa extraña. Sí, te explico. Seguro que si eres o has sido opositor lo entenderás fácilmente. Tras dos suspensos que fueron errores no forzados –en el primero fallé por un despiste con el tiempo asignado– y dominando el temario, la confianza está minada. Sabes que esto, como casi todo en la vida, depende de un uno por ciento que es determinante y que no controlas ni nunca lo vas a hacer. No sé muy bien como llamar a ese algo, pero con el siguiente ejemplo seguro que lo entiendes. Lola Flores cantó en Nueva York y al día siguiente una de las crónicas del espectáculo decía: “no canta, no baila, pero no se la pierdan”. Tenía ese algo determinante y fundamental. Una suerte de duende extrapolable a todos los campos. Esa conjunción de astros que todos los opositores imploramos que se dé el día en que nos examinamos. Ojalá, este año se dé, que del otro noventa y nueve por ciento ya me encargo yo.

El pedregoso camino de mi vocación

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Ayer, una amiga, a la que profeso gran cariño, escribió en mi muro de Facebook un mensaje de aliento y compartió la publicación de una página en la que se animaba a los estudiantes, opositores, a persistir en su lucha a pesar de los malos momentos y las renuncias. No supe cómo contestar y me fui a la cama repasando los últimos años. Hoy, con más fuerzas, decidí sentarme en el diván de Un Jurista entre bambalinas, que ya comenzaba a tener desatendido, para responder.

Llegué al camino pedregoso de la oposición, cuando comenzaba a tener una incipiente carrera en la abogacía de los negocios, empujado por una vocación, la del servicio público. Llevo decenas de meses encerrado en una habitación rodeado de temas, códigos y subrayadores. Estudio seis días a la semana, un mínimo de 10 horas diarias. Como puedes comprender, he renunciado a muchas cosas y he tenido momentos en que he estado a punto de tirar la toalla.

Hace casi dos años, suspendí por un despiste con el cronometro y un descuadre de tres minutos. En 2016, con el toro en la plaza y cuando estaba dándole, valientes, certeros y bonitos capotazos, inexplicablemente me quedé en blanco. Fui como aquel ciclista al que una pájara le arrebata el Tour que tenía escrito su nombre. Después de estos dos traspiés, con el sabor del fracaso inundándome el paladar, con la autoestima por los suelos y lleno de dudas, me planteé muchas cosas.

No te negaré que estuve al borde del abandono. Estaba agotado. No comprendía por qué me había quedado en blanco. Busqué durante semanas las causas. Me convencí de que no merecía la pena. No quería privarme más de pasar tiempo con mi familia, hacer planes con mis amigos, robarle horas al sueño, disfrutar de mi novia o cultivar mis hobbies. Creí que no tenía más fuerzas para seguir aguantando la presión, los nervios y la incertidumbre.

Al final, pudo más, de nuevo, la vocación. ¡Maldita o bendita vocación! Consciente del camino recorrido, de lo que quería, del apoyo de mis padres, Lola, mi hermana y esos incondicionales que nunca me han abandonado, del consejo sabio y sincero de mis preparadores, decidí continuar persiguiendo mi sueño, mi vocación. Siempre he pensado que el mundo es de los que no se detienen ni se rinden en la consecución de sus sueños. Así que estoy de nuevo ya convocado y en pocos meses me examino.

Al igual que te confieso que paso momentos de desanimo, con mis duquelas y mis penas, en la soledad de mi cuarto, que algunos días cuando suena el despertador a las seis de la mañana me cuesta encontrar los ánimos y la ilusión –no, mamá, no es por el desorden de la habitación– o que hay semanas que aborrezco el Derecho que siempre fue una de mis pasiones, también te digo que disfruté aprendiendo, que tuve un subidón enorme cuando mi preparador me dijo que dominaba el temario o cuando vi el aprobado cerca. He superado siempre las malas rachas o las faltas de ganas porque creo que soy un privilegiado que puede perseguir su sueño, y eso es una suerte.

He hecho y sigo haciendo lo que debía, con un poco de suerte, espero salir en unos meses de éste, mi gulag particular. Gracias por ayudarme a transitar el pedregoso camino de mi vocación.

Julito, avisado estabas, ¡feliz cumple!

Todo empezó hace unas semanas, un sábado soleado de este otoño. Iba paseando distraído, absorto en la lectura de una novela, cuando una chica –para mi ella aún no era señora– bastante guapa, chilló al que debía ser su hijo: «¡Alfonso, no molestes al señor con la pelota». Sí, eso dijo, al señor. Aquello me sacó de la lectura y me sumió en melancólicos pensamientos –os prometo que no iba leyendo a Pessoa– sobre el paso del tiempo y lo viejo que nos hacemos. La cosa no quedó ahí. Pocos días después, llegó a mis manos “Cómo ser el señor Lehman”, la historia del paso a los treinta de un barman en el bohemio y berlinés barrio de Kreuzberg. El virus ya estaba inoculado. Lo identifiqué, tras mucho cavilar, al leer la crítica de la última película de Bárbara Lennie, “María y los demás”. Solo, poseído por una suerte de hipocondría sentimental, me diagnostiqué la crisis de los treinta. Esa crisis que llega cuando tienes que empezar a jubilar los pájaros de tu cabeza.

Comprenderás, compadre, que con este fantasma rondándome, me aterre encarar el cumpleaños de un quinto, pero, las obligaciones mandan –cosa de los treinta ya, supongo–, y no podía dejar de escribirte esta laudatio.

Sería demasiado osado, por mi parte, teorizar sobre la amistad cuando tú condensaste todo lo que ésta conlleva en un magnifico y celebrado brindis. Además, ya hemos hecho juntos guardia en las suficientes garitas como para saber de qué va todo esto e identificar a quién está dispuesto a permanecer a tu lado a pesar de todo.

Te estarás preguntado, querida lectora o querido lector, que a quién va dirigido todo esto. Pues, estoy refiriéndome a mi gran amigo, Julio Carmona, con motivo de su próximo trigésimo primer aniversario. Espero que sepas perdonarme, y sigas viniendo por aquí, aunque las próximas palabras sean algo cursis y manidas, pero no se me ocurrían otras mejores para hablar de un tipo al que quiero tanto. En todo caso, las culpas se las puedes echar a mi corazón, que es el que ha dictado esta entrada.

14721541_1131988606891599_2651680718790088374_nJulito ha llegado a los treinta siendo ese tío que todos quieren tener en su vida porque te hace mejor, te ayuda a levantarte cuando has tropezado, y está contigo tanto en las noches de farra como en los momentos más sombríos.

Trabajador incansable. Encadena jornadas maratonianas, con múltiples trabajos y quehaceres, sin olvidarse de mandar audios de cinco minutos por Whatsapp a sus amigos. Fijaos si es currela, que andaba buscando trabajo y le dijeron: «Mira, aquí sólo tenemos una cosilla, pero son doce horas al día», y contestó «Sí eso venía buscando, una media jornada». No te exagero, a poca gente vi trabajar tanto y tan duro.

Además, tiene una de esas inteligencias con profundo pragmatismo y sentido común que te obligan a pedirle consejo, unos grandes valores –generosidad, honestidad, responsabilidad o integridad– aprendidos de sus padres, un gusanillo por el deporte que te contagia, un compromiso por hacer de este mundo un sitio mejor o unas ganas de pasárselo bien que le hacen acreedor de las mejores amistades.

Uno de nuestros más repetidos mantras es: “qué más da el sitio si la compañía es buena”. Y es que yendo con él y, por supuesto, también con su excelente fichaje, Sara, todo va ir de lujo.

Acumulamos batallas varias, que no es cuestión de contar aquí, en noches que comienzan con discursos grandilocuentes y terminan con tostadas con tomate y colacao; con fiestas en aquel templo de nuestra postadolescencia que fue el Ático; con charlas arreglando el mundo en bares que sirven patas bravas que llevan una salsa más radioactiva que picante; con risas contando chistes o imitando toreros; bebiendo un brandy Alexander en Diversis; o, disfrutando al encontrar botellas de licor escondidas en apartamentos de Airbndb. Aunque nos hacemos viejos, amigo, espero seguir compartiendo batallas contigo, gente como tú hay poca.

Julito, compadre, tenias razón que fuerza dan las estrellas.

Los políticos también tienen familia

Vivimos una época en que la política está muy desprestigiada y los políticos son, como el arbitro que se equivoca y señala un penalti inexistente en el minuto noventa, el foco de todas las iras. Pagan justos por pecadores. Acostumbrados, como estamos, a que los telediarios abran con operaciones policiales y juicios por corrupción, todos han sido metidos en el mismo saco. Esta generalización, como todas, no es válida, pues un buen número de ellos se dedica en cuerpo y alma, con honestidad, a tratar de mejorar su ciudad, su región o España.

Con la situación que se dibuja en el primer párrafo, os podéis ya imaginar que ser hijo de político no es nada fácil. Al tradicional estigma de ser hijo de, hay que sumar la escasa valoración de la dedicación de nuestros padres. Aparte, claro está, del tiempo que cedimos y dejamos de pasar con ellos.

976230_1Dejando a un lado los disgustos y malos momentos, cuando vemos tratar injustamente a nuestro padre, recibiendo campañas de desprestigio o ataques personales, es un orgullo para quienes creemos en la política que nuestro padre dedique parte de su vida laboral al ejercicio de una actividad noble que persigue el interés general. Soy así de romántico, considero que la política es el medio para transformar la realidad y mejorar la vida de tus conciudadanos.

Mañana sale a las librerías “Guillermo Fernández Vara, el desafío del cambio” en el que se relata la derrota electoral del actual Presidente de Extremadura en 2011 y su travesía posterior, escrito por su hijo Guillermo Fernández Martínez. Tengo ganas de leerlo además de por el tema, por quién lo escribe. Un testimonio así de primera mano, de alguien que sufre y conoce los entresijos más íntimos del político. Aunque pudiera no parecerlo, los políticos son personas y hasta tienen familia.

 

 

Hablando de huesos de aceituna para conseguir una botella de aceite

Por una botella de aceite. No una cualquiera. Una garrafa de AOVE de Jaén ideal para tostadas y ensaladas. También, por amistad. Sobran motivos para escribir, cuando te gusta. Paco Umbral escribía dos artículos, uno para publicar y otro para emborracharse. Cualquier excusa es buena.

Cuando conocí al deudor del aceite, deseaba que llegase tarde. Quien no era puntual en las clases de aquel curso introductorio de una bigfour, contaba un chiste. Los de Rubén eran los mejores, tanto en la forma como en el fondo. Aquella chispa y alegría hicieron que fue designado como Mister Contabilidad de la clase. A un servidor, le tocó la enorme distinción de ser su caballero de honor. Así, aunque pasaron ya algunos años y la vida nos fue moviendo, ahí seguimos compartiendo ratos y llamándonos compadre.

Tomando un café, esa buena forma de cultivar una amistad, me habló del uso energético que tenían los huesos de aceituna y de Garzón Green Energy. Me enamoré a primera vista de la idea como si de una gitana de Romero de Torres se tratase. No quiero daros la lata, pero hay razones de peso para prendarse, España es deficitaria en recursos energéticos, este negocio posibilita valorizar lo que en otro caso es un residuo, hay mercados por explotar o, además, es sostenible medioambientalmente.

img_1705Al tiempo, Rubén dejó la vida tirada de las grandes auditoras y volvió a Bailen a arrimar el hombro en Garzón Green Energy, que comenzaba a tener ya cuerpo. Ahora, esta empresa familiar, llevada por un padre –que lleva vendiendo los huesos con este uso más de 40 años– y unos hijos, emplea a más de veinte personas, factura millones de euros y tiene buenas perspectivas de crecimiento.

Visitar, junto al Marques de Barreda, con Rubén de guía, las instalaciones de la empresa, es darse un baño de ilusión. La ilusión en una empresa y un proyecto, sostenible y con futuro. Del mismo modo, nos alegramos, a la par que no dejábamos de preguntar para qué servía cada máquina cómo era cada proceso, de que a un amigo le vaya bien. Y es que Rubén se lo merece.

Disfrutón, noble, trabajador y echaopalanté, es mi compadre, el que se dedica al mundo de las energías limpias y que me debe, por lo menos, una garrafita de un litro de aceite. Este es el primer burofax reclamando el pago.

¡Mucha suerte a Garzón Green Energy!

El esqueleto del gigante extremeño.

descarga-31Si has ido a Londres, seguro que te has hecho una foto con los enormes esqueletos de dinosaurios del Natural History Museum. Pues, verás, en un museo de Madrid, el de Antropología, hay también un esqueleto un tanto peculiar, el del gigante extremeño.

Estos huesos pertenecieron a Agustín Luengo Capilla, más conocido por su 235 cm de altura – casi 20 cm más que Pau Gasol – como el gigante extremeño. La historia de su vida es muy triste y merece ser relatada. Nació en Puebla de Alcocer, provincia de Badajoz, en 1849, en el seno de una familia muy humilde. Su vida transcurrió por cauces normales hasta que al cumplir los 12 años comenzó a crecer de una forma desmesurada a causa de una acromegalia.

Su padre, agobiado por la necesidad y por la dificultad de dar cobijo a un hijo que apenas cabía en casa, lo vendió a un circo portugués por 70 reales, dos hogazas de pan blanco, media arroba de arroz, miel del Alentejo, una garrafa de aguardiente, dos paletas de jamón y un daguerrotipo de los que hacían en la feria. Así, el gigante extremeño era exhibido en el circo para divertimento de los espectadores que hacían burlas de la que consideraban una figura grotesca, pues Agustín medía 67 cm más que el español medio de la época. Además, tenía un espectáculo en el que en grandes manos, de 40 cm de largo, ocultaba un pan de 1 kg.

Pronto comenzó a tener cierta fama y su existencia llegaría a oídos del Rey Alfonso XIII, que quiso conocerlo y lo recibió haciéndole entrega de una botas hechas a medida – tenía un 54­ –, que actualmente se conservan el Museo Etnográfico de Puebla de Alcocer.

En el mismo tiempo, el doctor Pedro González Velasco, catedrático de Anatomía , que estaba comenzando a desarrollar el Museo Antropológico, tubo noticias de la existencia de este gigante. Al conocerlo, quedó fascinado, considerando a Agustín una rareza antropológica.

images-13En este punto de la historia, debo preguntaros si creéis que todo está en venta. ¿Puede ser un esqueleto objeto de un contrato? Desde luego, actualmente no se admitiría pero la fascinación del doctor Velasco fue tal que no se detuvo a analizar cuestiones morales o jurídicas y le compró a Agustín su futuro esqueleto a cambio de 2,5 pesetas diarias hasta su fallecimiento y otras 1.500 pesetas para sus herederos a su muerte.

El gigante extremeño tampoco puso muchos reparos en vender a futuro sus huesos. Estaba acostumbrado a pasar estrecheces y su salud era débil, con lo que el sueldo diario le venía de perlas. Con dinero y viviendo en la capital, Agustín comenzó a disfrutar y a llevar una vida de excesos. Esto preocupaba al doctor Velasco, que, por supuesto, no quería recibir la mercancía comprada en mal estado. Así reprendía al gigante, que poco caso hacía y contestaba, “no se preocupe tanto, que cuanto antes muera, antes tendrá lo que desea y por un menor precio”, o algo así.

descarga-30Poco tiempo después, con 26 años, Agustín moriría a causa de una tuberculosis. Aunque la idea del doctor Velasco era embalsamar su cuerpo, conoció el fallecimiento dos días después y ya le fue imposible hacerlo. Así, al recibir el cadáver, que tiempo antes había comprado, le hizo una minuciosa autopsia y un vaciado de yeso, que exhibiría tan solo un mes después en la sala principal del museo.

La noticia transcendería rápidamente y todos querían ver el maniquí del gigante extremeño que los diarios de la época calificaban como un desafio a las leyes de la naturaleza.

Comprado y vendido por tener una anatomía extraña a causa de una enfermedad, la historia del gigante extremeño es triste y desgarradora. Si te gusta David Lynch, te recomiendo que veas la película El hombre elefante, que basada en hechos reales es parecida a la aquí contada. Y si te has quedado con ganas de saber más de este pueblacorecense, puedes leer El hombre que compraba gigantes, del escritor extremeño Luis C. Folgado y contemplar los restos del vaciado de yeso y del esqueleto del Gigante en el Museo Nacional de Antropología de Madrid.

A mi amigo Pedro.

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Si pinchaste buscando un post político, deja de leer, no vas a encontrar aquí razonamientos de índole política o disquisiciones estatutarias sobre el Comité Federal. Sólo diré que esta semana ha sido tristísima, por el espectáculo que se ha dado, para todos los que pensamos que el PSOE es la mejor herramienta que tenemos los progresistas para mejorar este país. Ayer, un socialista, que es referente para mi, decía afectado que nadie que quisiese al PSOE podía estar contento con lo acontecido. Ojalá el debate hubiese sido ideológico –en un momento en el que la socialdemocracia europea lo necesita imperiosamente– y hubiese estado presidido por la fraternidad.

Este es un post escrito desde el cariño y el afecto a un amigo, Pedro Sánchez. Nos conocimos por Twitter, cuando escribía tuits algo gamberros que con sorna y mala leche fueron recuperados después por sus rivales, y ya había sido elegido diputado revelación en el Congreso de los Diputados. Viví de cerca cómo se preparó, viajando con su coche y, en ocasiones, solo. Lleno de frescura, ilusión y ganas de cambio se pateó las Casas del Pueblo, para que la militancia socialista le diese su confianza para ser Secretario General –el primer SG elegido por primarias–.

Hay una anécdota de aquella época que ilustra bien cómo es Pedro. Tenía un acto en un hotel, llego saludando, charlando y atendiendo a todos los que le esperaban –tardó más de veinte minutos en alcanzar la sala donde era el mitin–. Al terminar, lo mismo, selfies, besos, abrazos, confesiones, durante más de cincuenta minutos. Cuando ya se había marchado, camino de otro mitin, los trabajadores del hotel acostumbrados a ver pasar por allí a muchos líderes políticos y personalidades de la vida pública, comentaban que era el primero que se había parado a saludar y a interesarse por ellos. Ese es Pedro. Cercano, cariñoso, simpático y empático. Sabía que estaba en el atril porque nosotros estábamos allí llenando la sala para escucharle, y no al contrario.

Valiente y luchador, como no podía esperarse menos de alguien que ha crecido en la cantera del Ramiro. No es de los que bajan los brazos y tiran la toalla, sino de los que no se arredran y luchan. Y a mi es que, la gente luchadora me cautiva. Ante las dificultades, pensamos, “vaya, esto no me va a salir”, pero él con un optimismo inquebrantable se revela y dice “¿y por qué no?”.

En sus dos últimas comparecencias destacó la importancia de la coherencia y las convicciones. Sus padres, como a mi los míos, le enseñaron que debía ser fiel a su palabra y a sus principios. Así lo hizo.

En este tiempo nuevo, aquí, Pedro, tienes un amigo y a alguien que, no sólo políticamente, está orgulloso de ti.

Un país del tamaño de nuestros sueños colectivos

Por Dairo Elías González Quiroz

Prof. catedrático de talleres de Lenguajes y Confrontación de la UPN y docente de planta de Humanidades (jefe de Área y maestro de lengua castellana y literatura) en la IED Usaquén. Licenciado en Filología e Idiomas y Magíster en Literatura Hispanoamericana. Autor de Aventura pedagógica de la casa lectora.

 

Milton C. Mapes Jr… a menudo decía:
 “si vis pacem, para pacem – si deseas
 la paz, prepárate para la paz.
 Charles Duryea Smith (1968, p. 7)

 

Nada es más difícil de alcanzar
que la esperanza de una civilización mejor.
Morin, Ciurana y Motta (2006, p. 136)

 

En efecto, la consecución de la paz y la esperanza de una civilización mejor necesitan de la biblioteca comunitaria, de la oralitura popular, de medios masivos de información responsables y, por supuesto, de una educación (pública o privada pero comprometida), de una pedagogía crítica emancipadora, de una educación popular, comunitaria y de adultos que posibiliten la honda transformación sociocultural y política de Colombia: ¡Ojalá seamos capaces de hacerla como hombres y no como bestias!, como quería nuestro gran sociólogo Orlando Fals Borda (2012, p. 27). Sí, estas herramientas académicas e intelectuales con vistas a una visión y revisión compleja de la realidad, colaborarían “con los esfuerzos que tienen por objetivo la atenuación de la crueldad y la regeneración de la paz.” (Morin, Ciurana y Motta, 2006, p. 73) Sabemos que lograr la paz y la construcción de otro mejor país tienen “enemigos agazapados” y al descubierto como opositores ideológicos, pero también tiene buscadores, facilitadores y sus hacedores. Sea como sea, sabemos que no “todos pueden dar, pero sin duda todos podemos darnos.” (Palacios, 2015, p. 13) Para lograr la paz estable y duradera se necesita mucho más que el entusiasmo de quienes nos ilusionamos con ella. Por eso, haga lo que haga en donde sea, si usted es cocinero puede cocinar por y para la paz de Colombia, si es periodista puede comunicar la paz de Colombia, si es profesor puede enseñar la paz de Colombia, e incluso si es ejército debe comprometerse a preservar la paz y a no hacer la guerra –aunque es “obvio que el uso de las fuerzas militares para el mantenimiento de la paz no es tan ubicuo como la guerra misma” (Segal y Swift, 1986, p. 93), claro que tampoco puede ser un raro acontecimiento –. Siendo así, ¡estimado lector!, permítame preguntarle con Claudia Palacios en su obra citada, ¿usted qué es y qué hace o va a hacer por la paz de Colombia?

Así el Gobierno y su delegación en el Acuerdo de Paz de la Cuba mestiza y revolucionario del poeta José Martí se obstinen en declarar que la paz “no pondrá en entredicho el modelo económico, el modelo político, el orden institucional, para confirmar su versión mediática de que Colombia es un país bien construido y bien administrado” (Ospina, 2016), una democracia ejemplar a la que se le ha formado un apéndice llamado violencia, “que hay que extirpar y sanar con algunos recursos adicionales”. Por eso, el Acuerdo de Paz “parece a cada instante todo y nada, un conjunto de urgentes decisiones que no comportan ninguna transformación sustancial de nuestro modo de ser como país, y que por ello ni convocan ni despiertan el entusiasmo popular.” (Ibíd.) Un proceso de paz “que no toque el modelo” no puede ser creíble (Giraldo, 2015, p. 467); sin embargo, el acuerdo al que llegó el gobierno con esa guerrilla (la política de desarrollo agrario, las garantías de participación política, solución al problema de drogas, víctimas, implementación y refrendación de los acuerdos y el mismo fin del conflicto) puede no significar la paz total, pero es un enorme paso hacia ella porque sus seis ajes llevados rigurosamente a la práctica en la vida del país lo confirmarían.

Indudablemente que si el conflicto armado llega a su final, “Colombia se vería confrontada a desafíos que exigirían una voluntad política mucho más constante y compartida, que la manifestada hasta ahora para hacer frente al conflicto de los últimos años. Se impone una democratización que ponga fin a las redes de poder clientelistas” (Pécaut, 2015, p. 675), corruptas o armadas de los últimos años. “No hay en la vida política asuntos más serios que los de la guerra y la paz; por tanto, ninguno otro demanda tanta responsabilidad” (Giraldo Ramírez, 2015, p. 471) política, económica, moral e intelectual; y ninguna otra requiere también de tanto sacrificio. En definitiva, una sociedad liberal y democrática con la obligación moral de honrar a la víctimas y de poner la promoción y subvención de las artes, las letras y demás manifestaciones culturales al alcance de todos, mediante una educación pública o privada eficientes y una emancipadora pedagogía crítica; pero también una creativa democracia decente e innovadora que convierta la bandera subversiva en una razón más para cohesionarse, modernizarse y construir una sociedad justa, que enfrente el fenómeno de la corrupción no tanto en su coyuntura como en su estructura, o sea que enfrente sus orígenes, sus actores y operatividad, sus instrumentos de control y costos no sólo económicos sino sociales, políticos y culturales. (Tovar, 2015)

Entendiendo el conflicto colombiano como condición necesaria para su superación y como Colombia es un país de regiones y sin conocimiento de sus diferencias culturales regionales, es casi imposible que comunidades con pie y mentalidad vencedera puedan aspirar a un país del tamaño de los sueños socio-culturales (un pueblo con conciencia de su socio-cultura es un pueblo pacífico), educativo-pedagógicos y oralitarios… Teniendo como base que la cultura es uno de los principales instrumentos que tenemos “para despertar un orgullo nacional capaz de generar la fuerza necesaria para el cambio social de las proporciones que necesitamos” (Cabrera, 1994, p. 111), ella se constituye en una responsabilidad social que el Estado debe fomentar y proteger, “pero no de gobernarla” (García Márquez, 1994, p. 231), y ser cultivada por cada uno de los miembros de la sociedad quienes deben tener claro que cultura no es todo (“La cultura es todo”, citó el mago de Macondo –1994, p. 232— a Jack Land) por lo planteado en este libro. “En el pasado, la cultura fue una especie de conciencia que impedía dar la espalda a la realidad.” Ahora, según Vargas Llosa (2012, contraportada), “actúa como mecanismo de distracción y entretenimiento”; La civilización del espectáculo la llamó en su libro homónimo. En este sentido, otro asunto a pulverizar es esta idea de cultura como espectáculo; así, la cultura puede llegar a ser “la forma más válida y elocuente, en pos del diálogo y en contra de la violencia que nos aflige.” (Cobo, 1994, p. 333) No es sólo una forma de resistencia, como hemos dicho, es también la creación de un espacio para el encuentro y la convivencia, la libertad y la tolerancia. “Para la introspección, dentro de la cual nos reconocemos; y para el coloquio colectivo, que nos constituye y define.” (Ibíd.)

No sé si FARC, ELN o GOBIERNO firmarán y cumplirán lo pactado –tenemos fe que sí –; mas sí sé que la mejor forma de hacer la paz es intentándola de nuevo así sea en contra del ex presidente senador, del ex candidato presidencial de Centro Democrático Oscar Iván Zuluaga, del ex procurador Orlando Ordoñez y de todo aquel que se atraviese a pesar del apoyo del papa Francisco y la sabiduría popular (“no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación”, pues, “el tiempo perdido los Santos lo lloran”), porque la historia demuestra que toda guerra se acaba: Desde las púnicas, que dejaron un millón y pico de muertos, hasta la II Guerra Mundial, que dejó entre 60 y 73 millones. La guerra civil española costó un millón de muertos y las guerras de Napoleón, cerca de 6 millones. Pero un día terminaron. La Guerra de los Cien años duró 116, y también se acabó. “El apartheid sudafricano se prolongó durante siglos hasta que en 1994 hubo al fin elecciones universales. Ahora mismo, palestinos e israelíes dialogan para finiquitar sus milenarios enfrentamientos”.(Samper Pizano, 2013)

Los 520.000 asesinatos, las 2.655 masacres y las casi 10 millones de víctimas de todos los bandos en los últimos 68 años (300 mil entre los años de 1948 a 1961 y 220 mil entre 1962 y 2012, más la ya larga ineptitud demostrada por los dirigentes de los partidos tradicionales durante 200 años de exclusión, guerras, miseria, chanchullos e inequidad), es una muestra triste pero fehaciente de que “hay que poner a todas las partes a repartirse la derrota, porque esta guerra la están perdiendo todos” (García Márquez, 1990), aunque unos pocos mercaderes de la guerra y corruptos salen gananciosos. Asimismo, según el papa Juan Pablo II, “la guerra nunca es una simple fatalidad, es siempre una derrota de la humanidad”. Todos sabemos que el reloj de la historia colombiana se detuvo el día aciago del asesinato de Gaitán –origen de la violencia de los años cincuenta, y según Ospina (2013, p. 218), éste “fue el horno donde se gestó la Violencia de los años noventa; el Frente Nacional de los años sesenta fue el surco donde germinó la tragedia de las últimas décadas; el desplazamiento de campesinos a mediados de siglo fue el modelo de desplazamiento de los años noventa”, y que desde entonces no hemos hecho otra cosa que girar en el torbellino de la violencia sin oponerle nunca un verdadero proyecto civilizador. Sin embargo, no es más grave el conflicto colombiano que todos los mencionados, así que también tendrá que acabar aunque, según nuestro único Nobel, “es más fácil empezar una guerra que terminarla”. La circunstancia convoca, pues, “estimulada por el anhelo de casi todos los colombianos, a un gobierno y una guerrilla con voluntad de negociar la paz. Por precaria que sea esta opción, sus enemigos no ofrecen otra mejor” (Samper Pizano, 2013); además, decirle no al plebiscito el próximo 2 de octubre “es lo mismo que decir queremos la guerra y la paz imperfecta es mejor que una guerra perfecta” porque en efecto, en palabras de Séneca, “es preferible una paz injusta a una guerra justa”. Claro que lo “sí está garantizado, en cambio, es que de persistir en el camino de la guerra seguiremos acumulando horrores, humillaciones, destrucciones y bloqueos.” (Gutiérrez, 2015, p. 561) Por supuesto, entonces, “que es mejor subirse al bus de la paz que a los tanques de guerra”, como bien lo dice el caricaturista Vladdo.

Por todo lo anterior, insistimos finalmente que todas las guerras, por largas que sean, tienen un fin. Lo que quisiéramos pues la mayoría de los colombianos es que la nuestra lo tuviera pronto, pero sobre todo, que ese fin fuera definitivo porque Colombia no puede perder otros años más en violencias estériles. Y para que así sea, más allá de cualquier pacto, lo que hay que anular son las causas que la desataron para que por fin comience ese país nuevo que tanto hemos esperado y sin olvidar que “el que ha llegado tiene un largo trecho por andar” (Tranströmer, 2011, p. 71). Entonces, de todos las opciones posibles, la mejor que le queda a Colombia es una Paz estable y duradera y sincera Reconciliación nacional con igualdad, vida digna y poder político social.

Creemos que esto ha clamado por lustros la Colombia pacífica; por eso, abramos completamente el cierre de este libro deprecando con Jorge Eliécer Gaitán Ayala: “Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y de exterminio… Y malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia.” (Valencia, 2012) Hay pues que deponer gallardamente resentimientos y odios en aras “de la entraña patria”, donde “bullen reservas admirables que nos permitirán salir de esta caliginosa encrucijada” (Guzmán, Fals y Umaña, 2012, p. 505); sólo así tu cuerpo se alzará tranquilo y sereno y abrirá posibilidades ante casi cincuenta millones de almas que esperan estimular propuestas creativas, vida digna y felicidad; restañar heridas y el derrame de oro negro e incubar sueños colectivos.

Por eso, al igual que Fals Borda (2012, pp. 22 y 23), evocamos nuevamente la memoria de los ancestros y sus deidades anfibias, fiesteras y pacíficas; necesitamos que el severo Dios de Israel se asesore de las fuerzas positivas de nuestros sencillos y accesibles mohanes, los del toque amigo y abrazo frentero, para que vuelvan a cantar con alegría y libertad los mochuelos de los Montes de María y las tinguas de los humedales bogotanos, y nos protejan desde sus panteones de manglares y de páramos. Para que con el paradigma de la apertura democrática, la participación, la tolerancia y la paz, podamos resolver por fin y para siempre nuestros conflictos de casi 70 años, y abrir un futuro satisfactorio para las próximas generaciones de colombianos.