Una emotiva placa en mi casi jubilación de JSE

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El pasado 22 de octubre de 2016 se celebró el XV Congreso Provincial de Juventudes Socialistas de Badajoz en el que fue reelegido como Secretario General Ismael Albano. Sentí mucho no haber podido asistir y acompañar a Ismael y a la ejecutiva saliente con la que había colaborado de manera cercana. Pasados los meses, dado que ha sido difícil coincidir, me han hecho llegar a través de un excelente mensajero, Alejandro Mendoza, una placa en la que agradecen mi trabajo y colaboración. Me siento profundamente halagado.

Fueron muchas las mociones que hicimos para presentar en los Ayuntamientos  de la provincia reclamando planes de empleo juveniles, denunciando los recortes en educación, defendiendo la autonomía local o exigiendo el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. Debatimos, por teléfono y en persona, posturas y enmiendas a documentos programáticos. Redactamos documentos varios promoviendo debates y fijando posturas. Recuerdo los whatsapp de Carlos Esquiliche e Ismael tratando de acortar los plazos para la elaboración o las jornadas en Olivenza donde me dejaron hablar de Derecho en una charla junto Eva Núñez. Este blog les debe mucho por ayudarme a soltarme con la pluma. Robé, con gusto, horas al sueño tratando de ayudar a construir un mundo más igualitario y justo desde Juventudes Socialistas, encontrando a mi lado grandes compañeros y compañeras que se convirtieron en amigos y amigas.

Gracias a la anterior ejecutiva por tener este detalle conmigo. Un gesto que tiene un valor especial porque no había un porqué. Mención destacada merece su Secretario General, Ismael, con el que tanto he debatido desde el respeto y la amistad sobre modelos de financiación, consideraciones de lo público, o reformas de nuestro sistema. un gesto especial dentro de esa ejecutiva merecen dos amigas, a las que he molestado con cosas de campañas y rollos varios en muchas ocasiones, Marta Núñez y Cristina Valadés, dos encantos que siempre tienen una sonrisa bajo la manga. También a Fran Cruces, Carlos Esquiliche, Juan Antonio Gil, Juan Carlos Prieto y Alberto Villa por los debates y los momentos de esparcimiento y diversión. A todos los miembros de esa ejecutiva, muchas gracias, por vuestro cariño, por la compañía en la lucha y por las enseñanzas. No puedo terminar el post sin agradecer a Soraya Vega, a Julio Rodríguez y, después, a Alejandro Mendoza, que desde la Comisión Ejecutiva Regional también contribuyeron a facilitar mi participación.

Prometo por mi jubilación escribir un post de #socialismoafectivo por todo lo que compartí y aprendí de tantos compañeros y compañeras.

Entrevista a José Luis Quintana, un alcalde apasionado.

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La pasión con la que se hacen las cosas marca el resultado. Y este alcalde derrocha pasión por Don Benito. Ya sé que es muy típico y tópico aludir a la pasión de un político por su ciudad, pero es que en este caso es como un enamoramiento, siempre Don Benito en la boca y volcado trabajando por impulsar la ciudad a costa, muchas veces, de robar tiempo a su familia –no recuerdo su último fin de semana libre–. Estas Navidades tomamos unos amigos y yo un café con él y no paró de hablar de Don Benito, hasta el punto que el café terminó montados en el coche visitando algunos lugares de la ciudad. Uno de mis amigos decía, tú padre vive por Don Benito, ¡qué pasión!”.

En el video de la entrevista a José Luis Quintana que comparto en este post, y que le hicieron esta mañana en Canal Extremadura, se puede ver cómo vive Don Benito. Como él mismo relata, en los veinte meses que lleva al frente del Ayuntamiento, la ciudad ha comenzado un cambio que parece imparable, con la implantación de nuevas empresas, la remodelación del centro de la ciudad y la zona comercial, la disminución del desempleo o la recuperación de FEVAL como referente.

Don Benito es el referente económico de Extremadura y como bien dice el alcalde en la entrevista, tenemos que creernos nuestro potencial. Explica los pasos que se están dando para preparar a la capital de las Vegas Altas para afrontar el futuro de manera exitosa en términos económicos, sociales, tecnológicos o de movilidad. Ensalza el potencial de la ciudad, con la zona industrial y comercial, quizás, más importante de la ciudad, con un empresariado pujante, emprendedor y comprometido, y con un sector agrario envidiable. Alaba el potencial de Medellín, un gran descubrimiento, del que sé que es asiduo visitante y buen conocedor. Además, queda clara su vocación de trabajar conjuntamente con Villanueva de la Serena, como ya se ha hecho para conseguir fondos europeos, porque, tomando sus palabras, juntos somos más fuertes.

No le gusta hablar de debates internos del PSOE fuera de los órganos del partido, pero no rehúye las preguntas del periodistas y los contertulios –siempre tan interesados en los temas internos de los partidos políticos–, él apoya a Pedro Sánchez.

No os cuento más que no quiero haceros spoiler. ¡Vedla!

 

Un brindis por la Abacería Sierra & Mar

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Soy un enamorado de Isla Cristina, ese magnifico pueblo onubense con marisma y nombre de reina. Ojalá algún día me acepten como hijo adoptivo.

He pasado allí semanas enteras encerrado estudiando, cantando temas y repasando artículos. Ese tiempo se hizo siempre mucho más llevadero gracias a la Abacería Sierra & Mar y a su alma mater, mi amigo, Paco de los Santos. Allí encontré el esparcimiento necesario para aguantar las jornadas de estudio.

He escrito ya aquí sobre sus excelentes tapas y degustaciones. Os aconsejo, o más bien os ordeno, que si visitáis Isla os acerquéis y probéis una tapa de sardinas en escabeche, una degustación de bacalao ahumado, que son mis favoritas, o cualquiera que os recomiende el gran Paco.

La Abacería, además, tiene estilo e impronta, del techo cuelgan jamones de Cumbres Mayores y no bicicletas como en esos bares modernos y pretenciosos que proliferan en Madrid; es una suerte de recepción y de gran tablón de Facebook, donde charlar y pasarlo bien; y, un sitio donde sentirte como en casa con una Cruzcampo fresquita en la mano –en mi caso, sin alcohol, que como me gusta decir, después manejo maquinaria pesada–,

Recientemente, ha cumplido tres años abierta. Mi deseo es que sean muchos más. Jamás podré devolverle a Paco, su familia y su parroquia, el calor recibido. Vaya este post, como si fuese un brindis con Cruzcampo, por la Abacería Sierra & Mar y su gente.

La conjunción de astros opositoril

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Ya lo dije en alguna entrada, este blog quizás tenía que haberse llamado Un Opositor entre bambalinas. En ocasiones, fue una suerte poder venir aquí y desahogarme –ahorré en psicoanalistas–. Un Jurista entre bambalinas ha sido mi vía de escape y el diván en el que sentarme a contar las penas. No vayas a creer que ha sido fácil exponerse a hacer ciertos striptis emocionales, pero cuando abres un blog personal debes estar dispuesto a exponerte.

Estoy aproximándome peligrosamente al examen de la nueva convocatoria y periódicamente vendré por aquí a contaros mis aventuras para seguir ahorrando en psicólogos y, además, para tratar de ayudar a otros opositores que viven situaciones parecidas y, supongo que como yo, a veces se sienten solos e incomprendidos. Espero que os sirvan las reflexiones de hoy.

En mi anterior post hablé de lo pedregosa que es esta maldita o bendita vocación. La oposición es una montaña rusa emocional. La rutina y los hábitos ayudan a mantener los ánimos templados, pero ni mucho menos hacen desaparecer los momentos de agobio y desilusión que sobre todo sobrevienen, por lo menos en mi caso, cuando estoy muy cansado. Por eso, es importante respetar los descansos, como si fuesen tiempo de estudio. Por ejemplo, y tras darle muchas vueltas, la única explicación plausible a mi último suspenso –me quedé en blanco con el examen ya comenzado– es que llegué al día del examen exhausto. Mi preparador, alguna vez, me ha comentado que fallé por exceso de estudio.

Ahora, me encuentro en una etapa extraña. Sí, te explico. Seguro que si eres o has sido opositor lo entenderás fácilmente. Tras dos suspensos que fueron errores no forzados –en el primero fallé por un despiste con el tiempo asignado– y dominando el temario, la confianza está minada. Sabes que esto, como casi todo en la vida, depende de un uno por ciento que es determinante y que no controlas ni nunca lo vas a hacer. No sé muy bien como llamar a ese algo, pero con el siguiente ejemplo seguro que lo entiendes. Lola Flores cantó en Nueva York y al día siguiente una de las crónicas del espectáculo decía: “no canta, no baila, pero no se la pierdan”. Tenía ese algo determinante y fundamental. Una suerte de duende extrapolable a todos los campos. Esa conjunción de astros que todos los opositores imploramos que se dé el día en que nos examinamos. Ojalá, este año se dé, que del otro noventa y nueve por ciento ya me encargo yo.

El pedregoso camino de mi vocación

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Ayer, una amiga, a la que profeso gran cariño, escribió en mi muro de Facebook un mensaje de aliento y compartió la publicación de una página en la que se animaba a los estudiantes, opositores, a persistir en su lucha a pesar de los malos momentos y las renuncias. No supe cómo contestar y me fui a la cama repasando los últimos años. Hoy, con más fuerzas, decidí sentarme en el diván de Un Jurista entre bambalinas, que ya comenzaba a tener desatendido, para responder.

Llegué al camino pedregoso de la oposición, cuando comenzaba a tener una incipiente carrera en la abogacía de los negocios, empujado por una vocación, la del servicio público. Llevo decenas de meses encerrado en una habitación rodeado de temas, códigos y subrayadores. Estudio seis días a la semana, un mínimo de 10 horas diarias. Como puedes comprender, he renunciado a muchas cosas y he tenido momentos en que he estado a punto de tirar la toalla.

Hace casi dos años, suspendí por un despiste con el cronometro y un descuadre de tres minutos. En 2016, con el toro en la plaza y cuando estaba dándole, valientes, certeros y bonitos capotazos, inexplicablemente me quedé en blanco. Fui como aquel ciclista al que una pájara le arrebata el Tour que tenía escrito su nombre. Después de estos dos traspiés, con el sabor del fracaso inundándome el paladar, con la autoestima por los suelos y lleno de dudas, me planteé muchas cosas.

No te negaré que estuve al borde del abandono. Estaba agotado. No comprendía por qué me había quedado en blanco. Busqué durante semanas las causas. Me convencí de que no merecía la pena. No quería privarme más de pasar tiempo con mi familia, hacer planes con mis amigos, robarle horas al sueño, disfrutar de mi novia o cultivar mis hobbies. Creí que no tenía más fuerzas para seguir aguantando la presión, los nervios y la incertidumbre.

Al final, pudo más, de nuevo, la vocación. ¡Maldita o bendita vocación! Consciente del camino recorrido, de lo que quería, del apoyo de mis padres, Lola, mi hermana y esos incondicionales que nunca me han abandonado, del consejo sabio y sincero de mis preparadores, decidí continuar persiguiendo mi sueño, mi vocación. Siempre he pensado que el mundo es de los que no se detienen ni se rinden en la consecución de sus sueños. Así que estoy de nuevo ya convocado y en pocos meses me examino.

Al igual que te confieso que paso momentos de desanimo, con mis duquelas y mis penas, en la soledad de mi cuarto, que algunos días cuando suena el despertador a las seis de la mañana me cuesta encontrar los ánimos y la ilusión –no, mamá, no es por el desorden de la habitación– o que hay semanas que aborrezco el Derecho que siempre fue una de mis pasiones, también te digo que disfruté aprendiendo, que tuve un subidón enorme cuando mi preparador me dijo que dominaba el temario o cuando vi el aprobado cerca. He superado siempre las malas rachas o las faltas de ganas porque creo que soy un privilegiado que puede perseguir su sueño, y eso es una suerte.

He hecho y sigo haciendo lo que debía, con un poco de suerte, espero salir en unos meses de éste, mi gulag particular. Gracias por ayudarme a transitar el pedregoso camino de mi vocación.

Julito, avisado estabas, ¡feliz cumple!

Todo empezó hace unas semanas, un sábado soleado de este otoño. Iba paseando distraído, absorto en la lectura de una novela, cuando una chica –para mi ella aún no era señora– bastante guapa, chilló al que debía ser su hijo: «¡Alfonso, no molestes al señor con la pelota». Sí, eso dijo, al señor. Aquello me sacó de la lectura y me sumió en melancólicos pensamientos –os prometo que no iba leyendo a Pessoa– sobre el paso del tiempo y lo viejo que nos hacemos. La cosa no quedó ahí. Pocos días después, llegó a mis manos “Cómo ser el señor Lehman”, la historia del paso a los treinta de un barman en el bohemio y berlinés barrio de Kreuzberg. El virus ya estaba inoculado. Lo identifiqué, tras mucho cavilar, al leer la crítica de la última película de Bárbara Lennie, “María y los demás”. Solo, poseído por una suerte de hipocondría sentimental, me diagnostiqué la crisis de los treinta. Esa crisis que llega cuando tienes que empezar a jubilar los pájaros de tu cabeza.

Comprenderás, compadre, que con este fantasma rondándome, me aterre encarar el cumpleaños de un quinto, pero, las obligaciones mandan –cosa de los treinta ya, supongo–, y no podía dejar de escribirte esta laudatio.

Sería demasiado osado, por mi parte, teorizar sobre la amistad cuando tú condensaste todo lo que ésta conlleva en un magnifico y celebrado brindis. Además, ya hemos hecho juntos guardia en las suficientes garitas como para saber de qué va todo esto e identificar a quién está dispuesto a permanecer a tu lado a pesar de todo.

Te estarás preguntado, querida lectora o querido lector, que a quién va dirigido todo esto. Pues, estoy refiriéndome a mi gran amigo, Julio Carmona, con motivo de su próximo trigésimo primer aniversario. Espero que sepas perdonarme, y sigas viniendo por aquí, aunque las próximas palabras sean algo cursis y manidas, pero no se me ocurrían otras mejores para hablar de un tipo al que quiero tanto. En todo caso, las culpas se las puedes echar a mi corazón, que es el que ha dictado esta entrada.

14721541_1131988606891599_2651680718790088374_nJulito ha llegado a los treinta siendo ese tío que todos quieren tener en su vida porque te hace mejor, te ayuda a levantarte cuando has tropezado, y está contigo tanto en las noches de farra como en los momentos más sombríos.

Trabajador incansable. Encadena jornadas maratonianas, con múltiples trabajos y quehaceres, sin olvidarse de mandar audios de cinco minutos por Whatsapp a sus amigos. Fijaos si es currela, que andaba buscando trabajo y le dijeron: «Mira, aquí sólo tenemos una cosilla, pero son doce horas al día», y contestó «Sí eso venía buscando, una media jornada». No te exagero, a poca gente vi trabajar tanto y tan duro.

Además, tiene una de esas inteligencias con profundo pragmatismo y sentido común que te obligan a pedirle consejo, unos grandes valores –generosidad, honestidad, responsabilidad o integridad– aprendidos de sus padres, un gusanillo por el deporte que te contagia, un compromiso por hacer de este mundo un sitio mejor o unas ganas de pasárselo bien que le hacen acreedor de las mejores amistades.

Uno de nuestros más repetidos mantras es: “qué más da el sitio si la compañía es buena”. Y es que yendo con él y, por supuesto, también con su excelente fichaje, Sara, todo va ir de lujo.

Acumulamos batallas varias, que no es cuestión de contar aquí, en noches que comienzan con discursos grandilocuentes y terminan con tostadas con tomate y colacao; con fiestas en aquel templo de nuestra postadolescencia que fue el Ático; con charlas arreglando el mundo en bares que sirven patas bravas que llevan una salsa más radioactiva que picante; con risas contando chistes o imitando toreros; bebiendo un brandy Alexander en Diversis; o, disfrutando al encontrar botellas de licor escondidas en apartamentos de Airbndb. Aunque nos hacemos viejos, amigo, espero seguir compartiendo batallas contigo, gente como tú hay poca.

Julito, compadre, tenias razón que fuerza dan las estrellas.

Los políticos también tienen familia

Vivimos una época en que la política está muy desprestigiada y los políticos son, como el arbitro que se equivoca y señala un penalti inexistente en el minuto noventa, el foco de todas las iras. Pagan justos por pecadores. Acostumbrados, como estamos, a que los telediarios abran con operaciones policiales y juicios por corrupción, todos han sido metidos en el mismo saco. Esta generalización, como todas, no es válida, pues un buen número de ellos se dedica en cuerpo y alma, con honestidad, a tratar de mejorar su ciudad, su región o España.

Con la situación que se dibuja en el primer párrafo, os podéis ya imaginar que ser hijo de político no es nada fácil. Al tradicional estigma de ser hijo de, hay que sumar la escasa valoración de la dedicación de nuestros padres. Aparte, claro está, del tiempo que cedimos y dejamos de pasar con ellos.

976230_1Dejando a un lado los disgustos y malos momentos, cuando vemos tratar injustamente a nuestro padre, recibiendo campañas de desprestigio o ataques personales, es un orgullo para quienes creemos en la política que nuestro padre dedique parte de su vida laboral al ejercicio de una actividad noble que persigue el interés general. Soy así de romántico, considero que la política es el medio para transformar la realidad y mejorar la vida de tus conciudadanos.

Mañana sale a las librerías “Guillermo Fernández Vara, el desafío del cambio” en el que se relata la derrota electoral del actual Presidente de Extremadura en 2011 y su travesía posterior, escrito por su hijo Guillermo Fernández Martínez. Tengo ganas de leerlo además de por el tema, por quién lo escribe. Un testimonio así de primera mano, de alguien que sufre y conoce los entresijos más íntimos del político. Aunque pudiera no parecerlo, los políticos son personas y hasta tienen familia.

 

 

Hablando de huesos de aceituna para conseguir una botella de aceite

Por una botella de aceite. No una cualquiera. Una garrafa de AOVE de Jaén ideal para tostadas y ensaladas. También, por amistad. Sobran motivos para escribir, cuando te gusta. Paco Umbral escribía dos artículos, uno para publicar y otro para emborracharse. Cualquier excusa es buena.

Cuando conocí al deudor del aceite, deseaba que llegase tarde. Quien no era puntual en las clases de aquel curso introductorio de una bigfour, contaba un chiste. Los de Rubén eran los mejores, tanto en la forma como en el fondo. Aquella chispa y alegría hicieron que fue designado como Mister Contabilidad de la clase. A un servidor, le tocó la enorme distinción de ser su caballero de honor. Así, aunque pasaron ya algunos años y la vida nos fue moviendo, ahí seguimos compartiendo ratos y llamándonos compadre.

Tomando un café, esa buena forma de cultivar una amistad, me habló del uso energético que tenían los huesos de aceituna y de Garzón Green Energy. Me enamoré a primera vista de la idea como si de una gitana de Romero de Torres se tratase. No quiero daros la lata, pero hay razones de peso para prendarse, España es deficitaria en recursos energéticos, este negocio posibilita valorizar lo que en otro caso es un residuo, hay mercados por explotar o, además, es sostenible medioambientalmente.

img_1705Al tiempo, Rubén dejó la vida tirada de las grandes auditoras y volvió a Bailen a arrimar el hombro en Garzón Green Energy, que comenzaba a tener ya cuerpo. Ahora, esta empresa familiar, llevada por un padre –que lleva vendiendo los huesos con este uso más de 40 años– y unos hijos, emplea a más de veinte personas, factura millones de euros y tiene buenas perspectivas de crecimiento.

Visitar, junto al Marques de Barreda, con Rubén de guía, las instalaciones de la empresa, es darse un baño de ilusión. La ilusión en una empresa y un proyecto, sostenible y con futuro. Del mismo modo, nos alegramos, a la par que no dejábamos de preguntar para qué servía cada máquina cómo era cada proceso, de que a un amigo le vaya bien. Y es que Rubén se lo merece.

Disfrutón, noble, trabajador y echaopalanté, es mi compadre, el que se dedica al mundo de las energías limpias y que me debe, por lo menos, una garrafita de un litro de aceite. Este es el primer burofax reclamando el pago.

¡Mucha suerte a Garzón Green Energy!

El esqueleto del gigante extremeño.

descarga-31Si has ido a Londres, seguro que te has hecho una foto con los enormes esqueletos de dinosaurios del Natural History Museum. Pues, verás, en un museo de Madrid, el de Antropología, hay también un esqueleto un tanto peculiar, el del gigante extremeño.

Estos huesos pertenecieron a Agustín Luengo Capilla, más conocido por su 235 cm de altura – casi 20 cm más que Pau Gasol – como el gigante extremeño. La historia de su vida es muy triste y merece ser relatada. Nació en Puebla de Alcocer, provincia de Badajoz, en 1849, en el seno de una familia muy humilde. Su vida transcurrió por cauces normales hasta que al cumplir los 12 años comenzó a crecer de una forma desmesurada a causa de una acromegalia.

Su padre, agobiado por la necesidad y por la dificultad de dar cobijo a un hijo que apenas cabía en casa, lo vendió a un circo portugués por 70 reales, dos hogazas de pan blanco, media arroba de arroz, miel del Alentejo, una garrafa de aguardiente, dos paletas de jamón y un daguerrotipo de los que hacían en la feria. Así, el gigante extremeño era exhibido en el circo para divertimento de los espectadores que hacían burlas de la que consideraban una figura grotesca, pues Agustín medía 67 cm más que el español medio de la época. Además, tenía un espectáculo en el que en grandes manos, de 40 cm de largo, ocultaba un pan de 1 kg.

Pronto comenzó a tener cierta fama y su existencia llegaría a oídos del Rey Alfonso XIII, que quiso conocerlo y lo recibió haciéndole entrega de una botas hechas a medida – tenía un 54­ –, que actualmente se conservan el Museo Etnográfico de Puebla de Alcocer.

En el mismo tiempo, el doctor Pedro González Velasco, catedrático de Anatomía , que estaba comenzando a desarrollar el Museo Antropológico, tubo noticias de la existencia de este gigante. Al conocerlo, quedó fascinado, considerando a Agustín una rareza antropológica.

images-13En este punto de la historia, debo preguntaros si creéis que todo está en venta. ¿Puede ser un esqueleto objeto de un contrato? Desde luego, actualmente no se admitiría pero la fascinación del doctor Velasco fue tal que no se detuvo a analizar cuestiones morales o jurídicas y le compró a Agustín su futuro esqueleto a cambio de 2,5 pesetas diarias hasta su fallecimiento y otras 1.500 pesetas para sus herederos a su muerte.

El gigante extremeño tampoco puso muchos reparos en vender a futuro sus huesos. Estaba acostumbrado a pasar estrecheces y su salud era débil, con lo que el sueldo diario le venía de perlas. Con dinero y viviendo en la capital, Agustín comenzó a disfrutar y a llevar una vida de excesos. Esto preocupaba al doctor Velasco, que, por supuesto, no quería recibir la mercancía comprada en mal estado. Así reprendía al gigante, que poco caso hacía y contestaba, “no se preocupe tanto, que cuanto antes muera, antes tendrá lo que desea y por un menor precio”, o algo así.

descarga-30Poco tiempo después, con 26 años, Agustín moriría a causa de una tuberculosis. Aunque la idea del doctor Velasco era embalsamar su cuerpo, conoció el fallecimiento dos días después y ya le fue imposible hacerlo. Así, al recibir el cadáver, que tiempo antes había comprado, le hizo una minuciosa autopsia y un vaciado de yeso, que exhibiría tan solo un mes después en la sala principal del museo.

La noticia transcendería rápidamente y todos querían ver el maniquí del gigante extremeño que los diarios de la época calificaban como un desafio a las leyes de la naturaleza.

Comprado y vendido por tener una anatomía extraña a causa de una enfermedad, la historia del gigante extremeño es triste y desgarradora. Si te gusta David Lynch, te recomiendo que veas la película El hombre elefante, que basada en hechos reales es parecida a la aquí contada. Y si te has quedado con ganas de saber más de este pueblacorecense, puedes leer El hombre que compraba gigantes, del escritor extremeño Luis C. Folgado y contemplar los restos del vaciado de yeso y del esqueleto del Gigante en el Museo Nacional de Antropología de Madrid.

A mi amigo Pedro.

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Si pinchaste buscando un post político, deja de leer, no vas a encontrar aquí razonamientos de índole política o disquisiciones estatutarias sobre el Comité Federal. Sólo diré que esta semana ha sido tristísima, por el espectáculo que se ha dado, para todos los que pensamos que el PSOE es la mejor herramienta que tenemos los progresistas para mejorar este país. Ayer, un socialista, que es referente para mi, decía afectado que nadie que quisiese al PSOE podía estar contento con lo acontecido. Ojalá el debate hubiese sido ideológico –en un momento en el que la socialdemocracia europea lo necesita imperiosamente– y hubiese estado presidido por la fraternidad.

Este es un post escrito desde el cariño y el afecto a un amigo, Pedro Sánchez. Nos conocimos por Twitter, cuando escribía tuits algo gamberros que con sorna y mala leche fueron recuperados después por sus rivales, y ya había sido elegido diputado revelación en el Congreso de los Diputados. Viví de cerca cómo se preparó, viajando con su coche y, en ocasiones, solo. Lleno de frescura, ilusión y ganas de cambio se pateó las Casas del Pueblo, para que la militancia socialista le diese su confianza para ser Secretario General –el primer SG elegido por primarias–.

Hay una anécdota de aquella época que ilustra bien cómo es Pedro. Tenía un acto en un hotel, llego saludando, charlando y atendiendo a todos los que le esperaban –tardó más de veinte minutos en alcanzar la sala donde era el mitin–. Al terminar, lo mismo, selfies, besos, abrazos, confesiones, durante más de cincuenta minutos. Cuando ya se había marchado, camino de otro mitin, los trabajadores del hotel acostumbrados a ver pasar por allí a muchos líderes políticos y personalidades de la vida pública, comentaban que era el primero que se había parado a saludar y a interesarse por ellos. Ese es Pedro. Cercano, cariñoso, simpático y empático. Sabía que estaba en el atril porque nosotros estábamos allí llenando la sala para escucharle, y no al contrario.

Valiente y luchador, como no podía esperarse menos de alguien que ha crecido en la cantera del Ramiro. No es de los que bajan los brazos y tiran la toalla, sino de los que no se arredran y luchan. Y a mi es que, la gente luchadora me cautiva. Ante las dificultades, pensamos, “vaya, esto no me va a salir”, pero él con un optimismo inquebrantable se revela y dice “¿y por qué no?”.

En sus dos últimas comparecencias destacó la importancia de la coherencia y las convicciones. Sus padres, como a mi los míos, le enseñaron que debía ser fiel a su palabra y a sus principios. Así lo hizo.

En este tiempo nuevo, aquí, Pedro, tienes un amigo y a alguien que, no sólo políticamente, está orgulloso de ti.