Ser de los que ganan es muy fácil.

“Que ser de los que ganan es muy fácil, que ser del Estudiantes es mucho mejor”.

Cántico de la Demencia.

 Ser del Estu viviendo en un pueblo de Badajoz no deja de ser una excentricidad pero era imposible no quedarse prendado, a principios de los noventa, del equipo de Pinone, Winslow, Herreros y Azofra. Así que aunque mi cole – en el que reinaba el futbol y el binomio Real Madrid, Barcelona – estaba a más de trescientos kilómetros del Ramiro, yo empecé a cultivar, junto con mi pasión por el baloncesto, mi devoción por aquel equipo de patio de colegio en el que las cosas funcionaban de manera distinta. 90s007

Se vivían años dorados, Copas del Rey, una Final Four, semifinales y finales ACB y algún momento dramático como la marcha de Herreros al eterno rival acogiéndose al “1006”. Éramos el primer equipo de Madrid, en la cancha y en la grada.

El Estudiantes era un club diferente – ahora ya no tanto y, cada vez menos -, con una cantera fuerte y equipos en todas las categorías tanto masculinas como femeninas, en los tiempos muertos y descansos no salían cheerleaders y la afición – eso continua igual – era la mejor de España. Jugábamos de tú a tú a los equipos futboleros y el Magariños, el Palacio y después Vistalegre, eran un fortín. Y si perdíamos nos lo tomábamos con humor porque había entrega y fidelidad a nuestros principios.

Sufríamos, entonces, con la marcha de nuestros jugadores al Real Madrid. El río que fluye desde Serrano a Concha Espina cada vez tenía más caudal, Antúnez, Herreros, Alfonso y Felipe Reyes, Mikhail Mikhailov, Sergio Rodríguez – previo paso por la NBA – o Carlos Jiménez – aunque este finalmente se frustró –.

Para conocer esos años y el posterior declive, con los problemas económicos y el descenso en 2012, os recomiendo la lectura de Ganar es de horteras de Guillermo Ortiz, buenísima narración de los últimos veinticinco años de la historia de Estudiantes en clave de relato personal.

A partir de 2005, empieza a hablarse más de los problemas en los despachos, el concurso de acreedores y la deuda que del juego del equipo y nos acostumbramos más a pelear por evitar el descenso que a luchar por las cotas a que estábamos acostumbrados. Comenzamos a perder nuestros principios y filosofía, a confiar menos en los canteranos, a hacer fichajes erráticos y a no saber muy bien donde iba el barco. El proceso culmina con el descenso en 2012 después de una temporada nefasta.

Debimos irnos a la LEB, pero lo que habíamos perdido en la cancha lo ganamos en los despachos. El Iberostar Canarias renunció a su plaza por no poder hacer frente al canon que exige la ACB y la temporada siguiente continuamos pisando las canchas de la ACB – participamos en la Copa y ganamos en liga al Barça –.

Ahora, somos un equipo que lucha por evitar el descenso y estar cómodo en la zona media de la tabla. No terminamos de encontrar nuevos referentes. El fallido descenso no supuso una regeneración.

Creo que debimos descender, aprovechar la situación para volver a hacer bandera de los principios y valores del Ramiro y apostar por nuestra cantera. Ganar en la cancha lo que perdimos en ella, atravesar el desierto con nuestra filosofía. Nosotros somos unos románticos y sabemos que ser de los ganan es muy fácil y que ganar es de horteras.

6 comentarios en “Ser de los que ganan es muy fácil.

  1. Casi me llevas al lado oscuro con este texto… pero de momento no cedo a la locura.

    Halago también tu siempre presente objetividad, reconociendo que esos principios y esa distancia con los clubes “convencionales” o digamos más comerciales, si bien existieron (y son los que casi me arrastran a las sombras), se reducen hoy a una vieja y romántica canción, recuerdo de un pasado tan bonito como lejano.

    Un fuerte abrazo, demente!

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  2. […] Ya lo he escrito antes aquí. Me gusta el Estu porque soy un romántico, porque como dice Guille Ortíz “ganar es de horteras”, “porque ser de los que ganan es muy fácil, ser del Estudiantes es mucho mejor”, por sus equipos en todas las categorías inferiores –masculinas y femeninas–, porque no tiene cheerleaders y, sobre todo, por su filosofía de equipo de patio de colegio. No quiero que el equipo del Ramiro deje de ser colegial, que se doblegue y domeñe por la lógica del mercado y que sea víctima del nuevo deporte en el que los sentimientos están sometidos a la regla de la oferta y la demanda. […]

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