En la vida, en el fútbol o en la política no todo vale.

La vida es como los toros” dice mi compadre El Canijo antes de utilizar una metáfora taurina para explicar una situación cotidiana. Si acaso no te queda claro el asunto, invoca al maestro De Paula y gesticula y si no terminas de enterarte, es problema tuyo. No obstante, si estas medianamente introducido en las lides taurinas, seguro que lo comprendes y te ríes.

Igualmente, el portero de mi edificio gusta de comparar la vida, en este caso, con el futbol. Donde tú ves un vecino italiano, él ve a Totti – todavía no logro pillar el parecido, será cuestión de tiempo-, piensa que es Pepe para evitar que pises lo mojado y todo son quiebros, regates, entradas o paradas.

Las metáforas y los símiles son muy didácticos. Después de lo aprendido con estos dos maestros, me atrevería a decir que la campaña electoral en Extremadura y Don Benito es como un partido de fútbol. Uno de los equipos juega al toque con verticalidad, haciendo propuestas y presentando un proyecto de región y de ciudad. El otro desesperado, viendo que el partido se le va de las manos, hace entradas a destiempo, quiere convertir el partido en una batalla, porque esa es su única forma de poder sacar algún punto.

Citaba Jorge Valdano a Di Stéfano comentando un partido en el que unos mediocentros llenos de talento eran avasallados por dos muros sin técnica pero con oficio y, decía que para construir un edificio hacen falta ciencia e ingenio y para destruirlo sólo un martillo. Así, lo fácil es injuriar y calumniar, convertir el escenario político en un lodazal, con la única esperanza de ensuciar la imagen de tu adversario, mientras éste intenta escuchar a los ciudadanos y presentar sus propuestas. Es mucho más difícil –en la vida y en el fútbol- construir que destruir, pero lo primero es infinitamente más satisfactorio.

En los años ochenta y noventa, los entrenadores argentinos Cesar Luis Menotti y Carlos Bilardo representaban las dos grandes corrientes del fútbol. Era común entre los aficionados definirse como menottista o bilardista. Mientras que los menottistas eran partidarios del juego bonito, del fair play o del toque, los bilardistas preferían las tácticas marrulleras, salir a amarrar el 1 a 0 sin importar el cómo. Está claro quienes son aquí unos y otros.

Tanto en la vida como en el fútbol o la política no todo vale. Hay que ganar convenciendo, jugando limpio y dando espectáculo – en el sentido positivo del término-. No se puede salir -utilizando el último simil futbolítico- a partir la tibia del delantero rival para que no te marque un hat-trick.

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