Damián, Eva y una ley de segunda oportunidad

Los dos nacieron en 1979. Crecieron con la democracia y el desarrollo de España. Se conocieron cuando estaban en el instituto, a mediados de los noventa y comenzaron una historia de amor con pasión adolescente que aún continúa a pesar de los altibajos. Damián, un romántico empedernido, cree a ciegas que Eva es su media naranja; ella, mucho más pragmática piensa que se entienden y que fueron las circunstancias las que los juntaron.

Él es moreno y espigado. Colchonero, romántico, pesimista y soñador. Ella es regordeta, castaña y pizpireta. A pesar de haber nacido y crecido en Madrid, tiene el mismo acento cordobés de sus padres, que llegaron a la capital poco antes de nacer ella desde el Valle de los Pedroches.

Se casaron en el verano de 2008 y se fueron de luna de miel a Nueva York, ajenos a la crisis hipotecaria y bancaria que estallaba en Wall Street. Sus vidas transcurrían a años luz de distancia de esos casinos en los que se venden y se compran acciones, futuros o bonos basura y, que en la prensa llaman mercados financieros. Sin embargo, el estallido de aquella burbuja, cambió sus vidas para siempre. En 2009, el milagro económico español resultó ser sólo un espejismo y saltó por los aires la burbuja inmobiliaria, llevándose por delante millones de empleos y arrastrando a cientos de miles de familias a situaciones desesperadas. A ello habría que sumar, los recortes de prestaciones y de servicios sociales a partir de 2011.

En 2007, poco antes de la boda, compraron un piso en una de las nuevas zonas urbanizadas del barrio. Les costó “un cojón y medio” como decía malhumorado el padre de Eva. Pero no tuvieron ningún problema para conseguir una hipoteca y varios prestamos con los que amueblarlo.

Damián, administrativo, trabajaba en una promotora inmobiliaria. En diciembre de 2010, se quedó en el paro, casi al mismo tiempo que nacía Estrella, su hija. Eva es peluquera, tenía junto con su hermana y su cuñada, una peluquería en el barrio, pero en febrero de 2012, tras muchos meses de pérdidas y acumular deudas, tuvieron que cerrar. Con la crisis, nadie se peinaba. Se quedó sin trabajo y sin prestación, era autónoma.

A mediados de 2011, empezaron a tener problemas para pagar la hipoteca y los créditos que tenían. En las navidades de ese año, llegaron los embargos, pero fue en abril 2012, cuando recibieron la primera notificación de desahucio. Gracias a la ayuda de una asociación de vecinos muy activa y a la PAH, lograron parar el desahucio dos veces. La tercera fue imposible. Damián lo recuerda como el día que no le gustaría haber vivido.

Perdieron su piso y, aún así seguían debiendo al banco una importante cantidad. La adjudicación fue por mucho menos de lo que adeudaban. Por si fuera poco, los intereses de demora y las costas hacían que la cantidad aumentase cada mes.

Afortunamente, gracias a la presión de la PAH, el IVIMA les concedió un alquiler social, el mismo mes que Damián se quedaba sin prestación, a finales de 2012. Sobrevivían gracias a la ayuda de sus familias – las pensiones de sus padres se estiraban infinitamente para ayudar a todos su hermanos que sufrían situaciones parecidas – y de Cáritas. Los servicios sociales y las instituciones jamás aparecieron .

Ellos pateaban Madrid, con la disciplina de un soldado prusiano, entregando CV, pero no salía nada. La situación era cada vez más desesperante. Estrella pasaba hambre. Sólo gracias al comedor del colegio iban salvando los muebles.

A mediados de 2014, Eva consiguió un trabajo en una tienda de ropas por el que apenas gana 700 euros con los que van tirando y haciendo frente a sus principales necesidades. Recientemente, Damián encontró un trabajo a tiempo parcial por el que recibe 400 euros. Así, siguen pagando lo que pueden al banco, al que adeudan una cantidad inabarcable, que nunca podrán pagar, siendo prisioneros de ella. Y, las noticias que les llegan no son buenas, el IVIMA vendió su bloque de viviendas a un fondo buitre y en los próximos meses su alquiler pasará de 75 euros a 315.

Ellos sólo quieren una segunda oportunidad, empezar de nuevo. Sin deudas que bastante es que perdieron su casa y todo lo que tenían. Que Estrella no sea condenada a la pobreza y la exclusión social y le falten oportunidades para desarrollarse.

El Gobierno no se preocupó de la situación de familias así y no consideró necesaria la aprobación de una ley de segunda oportunidad que les permitiese renegociar su deuda y tener alguna quita y espera y, poder comenzar de nuevo.  Esta ley llegó tarde y con una regulación insuficiente. ¿No merecen Eva, Estrella y Damian empezar de nuevo?

Un comentario en “Damián, Eva y una ley de segunda oportunidad

  1. Es la triste realidad de millones de españoles q han perdido su empleo,su casa y sobreviven, si tienen suerte de encontrar trabajo, con empleos precarios y todavía dicen y se jactan los del PP q estamos saliendo de la crisis!!!

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