El Madrid de las letras

Cervantes-en-Madrid-3La buena literatura es la huye de los tópicos. Así que paso de recalcar, escapando de argumentos manidos, que en el coche que es esta España, la cultura viaja en el maletero, olvidada en un bolsa de plástico. Ya somos mayorcitos para saber dónde tenemos que poner los huevos de la gallina. Tampoco quiero indignarme demasiado porque las calles del Madrid de las letras no sean un museo al aire libre, cosa que ya hubiese ocurrido en Francia, Alemania o Inglaterra. Desde luego, hemos producido más historia de la que consumimos.

En alrededor de ocho o nueve calles se concentra buena parte de la historia del periodo más glorioso de la literatura española, el Siglo de Oro. Siempre que paso por la calle del León, los vellos se me erizan tan sólo de pensar que cerquísima de donde estuvo el mentidero de los actores, don Miguel de Cervantes escribió la Segunda Parte del Quijote o cincuenta metros más abajo, Lope de Vega, el Fenix de los ingenios, no paraba de escribir obras teatrales y de aumentar su gran fama.

Sé que cuando cojo una cantinela tardo en soltarla. Ya me decía mi abuela que “cuando el tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue”. Pero es que para entender la España en que vivimos es esencial conocer la del Siglo de Oro, aquel imperio decadente, pesimista y en crisis.1239818962_extras_ladillos_2_0

Ahora, que se cumple, el próximo 23 de abril, el IV Centenario de la muerte de Cervantes, te recomiendo que busques en la red alguna de las múltiples rutas que hay por el barrio y conozcas donde estuvo la casa de Cervantes, la Casa-Museo de Lope de Vega –si consigues averiguar sus horarios o encontrarla abierta-, el Convento de las Trinitarias Descalzas donde han aparecido los restos del escritor alcalaíno o la casa que habitaba Góngora y que compró Quevedo para darse el placer de desahuciar al cordobés.

PlacCervantesTrinitarias_1427459972.138.jpgSi decides darte el recomendado paseo, imagina en esas calles el retablo de la España del Siglo de Oro. Un país arruinado y agotado por las guerras, escasamente productivo, con mucha corrupción y lleno clases ociosas, porque trabajar estaba mal visto. Clérigos bien entrados en carnes y entregados a los placeres mundanos entre legiones de mendigos y mutilados de guerra que vivían de la caridad cristiana. Pícaros y rateros dispuestos a levantar los cuartos al mínimo descuido. Cortesanos acompañados de criados y viviendo de las apariencias. Tabernas y mesones llenas de veteranos de guerra de espada fácil y verbo ágil, prostitutas, tahúres de los naipes ávidos de desplumar, trampas mediante, a cualquier incauto o escritores que serían recordados los siguientes siglos. Y si has leído los libros del Capitán Alatriste, suma a Diego Alatriste e Iñigo Balboa en la Taberna de Caridad la Lebrijana o a la maléfica y atractiva Angélica de Alquézar con sus doncellas y criadas.

¡Qué planazo para una mañana de sábado! Si te animas, llámame.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s