El Príncipe, el barrio y la serie

descarga (23).jpegNo encuentro la fuente, por más que lo googleo, si bien el dato, como punto de partida, puede servirnos: 1,2 millones de españoles viven en barrios marginales donde reina la miseria, la violencia y las drogas. Seguro que conoces Son Banya, el poblado mallorquín que regía con mano de hierro la Paca y su clan; la Mina en Barcelona, cuna de El Vaquilla y escenario de las películas de cine quinqui de José Antonio de la Loma; la Cañada Real de Valdemingómez, un hipermercado de la droga a quince kilómetros de la Puerta del Sol; o el Príncipe en Ceuta, conocido tras la teleserie del mismo nombre, que es uno de los más peligrosos de Europa.

El ceutí barrio del Príncipe Alfonso es lo más parecido a una favela que hay en nuestro país. Casas de colores colgadas en la ladera sur del Monte Chico, cerca de uno de esos vergonzantes puntos fronterizos de esta Europa indolente y conformista, El Tarajal. Desarrollado con un urbanismo caótico, lleno de casas ilegales sin títulos de propiedad, con prehistóricas redes de alumbrado, agua potable y saneamiento, y repleto de calles claustrofóbicas que son una ratonera para los que vienen de fuera. Allí no llegan los servicios sociales ni la policía. El barrio, dejado a la mano de dios por el Estado, tiene dos caras, la de la violencia y la de la miseria.

images (8)Son las mafias del hachís las que imponen su ley. Los capos de las redes, que se dedican tanto al tráfico de drogas como al de personas, gobiernan y controlan este territorio. Abundan las armas. Las reyertas y los ajustes de cuentas son el pan nuestro de cada día. Además, el extremismo yihadista empieza a calar entre los jóvenes. Las redes terroristas pescan en un caladero alimentado por la falta de oportunidades, esperanzas y bienes básicos. Si la policía se atreve a entrar es recibida con palos y piedras, aquél no es su lugar. El Príncipe es una olla a presión, un polvorín.

La otra cara de la moneda, inseparable de la anterior, es la de la pobreza, el fracaso escolar y el analfabetismo funcional de más del 70% de la población, las enormes tasas de paro, sobre todo juvenil, la estigmatización de la población y, el abandono y la dejadez por parte de todas las administraciones. Estamos hablando del barrio más pobre de España, el único con población enteramente musulmana, donde hay tres mil personas sin documentación que no pueden acceder a ninguna prestación y en el que las normas de moral pública son más estrictas que en el vecino Marruecos. Fijaos, en los principales cafetines, no se vende alcohol pero, en cambio, muchos de sus clientes se pasean con armas. Una ley propia fijada por estructuras paraestatales.

descarga (22)Y aquí llegamos al tema del que os quería hablar, la teleserie El Príncipe, que toma como escenario el barrio, aunque ninguna de sus escenas se rodó en él. Debo confesaros que no he visto más que los cinco o seis primeros capítulos. Al principio, tenía muchas expectativas, el tema prometía. No obstante, la falta de verosimilitud de las historias, el poco jugo que se sacaba a las mismas y que temía que la serie se convirtiese en un culebrón, por la importancia de la trama amorosa entre Fatima y Morey, me hicieron perder el interés. A su favor, diré que el personaje que interpreta Coronado, bordándolo, es muy potente y me recuerda a Santos Trinidad, ese otro policía corrupto y con códigos que interpretó en una de las joyas del cine negro patrio, No habrá paz para los malvados.

Veréis, cuando leo una novela o veo una película de género negro, me gusta que sea, más o menos, creíble. Sé que la realidad supera a la ficción y que, en ocasiones como ésta, hay que edulcorarla para que sea digerible en horario de máxima audiencia. Desde mi punto de vista, aún sabiendo que es una ficción endulzada, es inverosímil que dos policías se paseen a sus anchas por el Príncipe, por mucho que uno sea José Coronado y el otro un agente del CNI. En las últimas redadas contra el yihadismo, el operativo policial para entrar en el barrio era de más de doscientos efectivos de los cuerpos de elite. Esto es sólo un ejemplo.

Como amante de lo que podemos llamar la crónica negra y de las historias, sentía que aunque el argumento estaba bien no se aprovechaba el potencial del barrio, en este sentido. Además, si bien se refleja la violencia en sus calles, se pasa de puntillas por la situación de abandono y la pobreza de sus habitantes.

Si alguno o alguna de vosotros creéis que mi opinión es errónea, hacédmelo saber y dadme un motivo para verla entera. No quiero que una cabezonería haga que me pierda una buena serie.

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