Ibarra, un referente

descarga1Esta semana, Juan Carlos Rodríguez Ibarra recibió el Premio Adela Cupido, organizado por la Secretaría de Igualdad del PSOE Provincial de Badajoz, por su labor en materia de igualdad durante los veinticuatro años en los que fue Presidente de la Junta de Extremadura.

Ibarra es un referente. El padre del socialismo extremeño es un político honesto, entregado a la lucha por mejorar Extremadura –tuvo múltiples ofertas para venirse a Madrid y todas las declinó–, carismático, gran orador y con un espíritu joven y una gran visión de futuro. Siempre dijo y dice lo que piensa, y no se le rasgaron nunca las vestiduras cuando tuvo que enfrentarse a su partido para defender a los extremeños. Rompió cristales, parafraseando el título de sus memorias.

Una de las grandes lecciones que aprendes cuando repasas su trayectoria es que un político se debe a los ciudadanos que representa y no a otros intereses, ya sean de tu partido o de los poderes fácticos. Trabajó para mejorar Extremadura y la vida de los extremeños sin importar a quién debía oponerse.

images (10)No quiero convertir esto en un post laudatorio en el que se reconocen los méritos de alguien que se marcha, porque a Juan Carlos aún le queda mucho por aportar. Sus columnas de opinión, por ejemplo, siguen siendo de lectura obligada.

Voy a tratar de contaros dos reflexiones en las que se comprueba lo qué ha significado Ibarra en el desarrollo de Extremadura. La primera parte del libro La memoria recuperada de la periodista María Antonia Iglesias en el que se glosan los trece años de gobiernos de Felipe González. Allí, el Presidente Ibarra entrevistado por esta periodista cuenta como cuando llegó a la presidencia de la Junta en Extremadura no había ni estadísticas de empleo fiables –a los trabajadores se les contrataba en las plazas de los pueblos, con discriminaciones y pocos derechos–, a muchas zonas no llegaba el agua y la electricidad o había problemas de alfabetización. Imaginaos la estampa de aquella Extremadura. Pues bien, y esto ya os lo cuento yo, cuando abandonó el cargo, Extremadura tenía una amplia red de infraestructuras; todos los pueblos tenían casas de la cultura, hogares del pensionista o consultorios médicos; la región recibía premios internacionales por su apuesta por el software libre –Juan Carlos siempre tuvo claro que el futuro es la sociedad de la información–; éramos la región europea con una red de cable de fibra óptica más amplia; o los jóvenes extremeños estaban cada vez mejor preparados y formados. El cambio fue total y tuvo un arquitecto principal, Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

La segunda surge de una anécdota que le escuché tomando una caña después de un mitin en Don Benito. Después de las expropiaciones a los terratenientes de la nobleza de las fincas de Cabra Alta y Cabra Baja, el periódico Hoy entrevistó al guarda de una de las fincas. Éste al ser preguntado por su valoración de la expropiación, contestó que estaba muy contento porque sus hijos podrían, por fin, ir al colegio porque la duquesa antes no quería. Y es que la reforma agraria que emprendió fue un ejemplo y debería ser estudiada con detenimiento.

Cuando los adalides de la izquierda y la nueva política vayan dando lecciones al PSOE, les recomiendo que revisen las políticas que Ibarra se hizo en Extremadura y dónde estaba la región cuando llego y dónde cunado se fue. Los socialistas, sobre todo los extremeños, encontramos en estas dos décadas muchos motivos por los que sentirnos orgullosos. Gracias, Juan Carlos.

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