El esqueleto del gigante extremeño.

descarga-31Si has ido a Londres, seguro que te has hecho una foto con los enormes esqueletos de dinosaurios del Natural History Museum. Pues, verás, en un museo de Madrid, el de Antropología, hay también un esqueleto un tanto peculiar, el del gigante extremeño.

Estos huesos pertenecieron a Agustín Luengo Capilla, más conocido por su 235 cm de altura – casi 20 cm más que Pau Gasol – como el gigante extremeño. La historia de su vida es muy triste y merece ser relatada. Nació en Puebla de Alcocer, provincia de Badajoz, en 1849, en el seno de una familia muy humilde. Su vida transcurrió por cauces normales hasta que al cumplir los 12 años comenzó a crecer de una forma desmesurada a causa de una acromegalia.

Su padre, agobiado por la necesidad y por la dificultad de dar cobijo a un hijo que apenas cabía en casa, lo vendió a un circo portugués por 70 reales, dos hogazas de pan blanco, media arroba de arroz, miel del Alentejo, una garrafa de aguardiente, dos paletas de jamón y un daguerrotipo de los que hacían en la feria. Así, el gigante extremeño era exhibido en el circo para divertimento de los espectadores que hacían burlas de la que consideraban una figura grotesca, pues Agustín medía 67 cm más que el español medio de la época. Además, tenía un espectáculo en el que en grandes manos, de 40 cm de largo, ocultaba un pan de 1 kg.

Pronto comenzó a tener cierta fama y su existencia llegaría a oídos del Rey Alfonso XIII, que quiso conocerlo y lo recibió haciéndole entrega de una botas hechas a medida – tenía un 54­ –, que actualmente se conservan el Museo Etnográfico de Puebla de Alcocer.

En el mismo tiempo, el doctor Pedro González Velasco, catedrático de Anatomía , que estaba comenzando a desarrollar el Museo Antropológico, tubo noticias de la existencia de este gigante. Al conocerlo, quedó fascinado, considerando a Agustín una rareza antropológica.

images-13En este punto de la historia, debo preguntaros si creéis que todo está en venta. ¿Puede ser un esqueleto objeto de un contrato? Desde luego, actualmente no se admitiría pero la fascinación del doctor Velasco fue tal que no se detuvo a analizar cuestiones morales o jurídicas y le compró a Agustín su futuro esqueleto a cambio de 2,5 pesetas diarias hasta su fallecimiento y otras 1.500 pesetas para sus herederos a su muerte.

El gigante extremeño tampoco puso muchos reparos en vender a futuro sus huesos. Estaba acostumbrado a pasar estrecheces y su salud era débil, con lo que el sueldo diario le venía de perlas. Con dinero y viviendo en la capital, Agustín comenzó a disfrutar y a llevar una vida de excesos. Esto preocupaba al doctor Velasco, que, por supuesto, no quería recibir la mercancía comprada en mal estado. Así reprendía al gigante, que poco caso hacía y contestaba, “no se preocupe tanto, que cuanto antes muera, antes tendrá lo que desea y por un menor precio”, o algo así.

descarga-30Poco tiempo después, con 26 años, Agustín moriría a causa de una tuberculosis. Aunque la idea del doctor Velasco era embalsamar su cuerpo, conoció el fallecimiento dos días después y ya le fue imposible hacerlo. Así, al recibir el cadáver, que tiempo antes había comprado, le hizo una minuciosa autopsia y un vaciado de yeso, que exhibiría tan solo un mes después en la sala principal del museo.

La noticia transcendería rápidamente y todos querían ver el maniquí del gigante extremeño que los diarios de la época calificaban como un desafio a las leyes de la naturaleza.

Comprado y vendido por tener una anatomía extraña a causa de una enfermedad, la historia del gigante extremeño es triste y desgarradora. Si te gusta David Lynch, te recomiendo que veas la película El hombre elefante, que basada en hechos reales es parecida a la aquí contada. Y si te has quedado con ganas de saber más de este pueblacorecense, puedes leer El hombre que compraba gigantes, del escritor extremeño Luis C. Folgado y contemplar los restos del vaciado de yeso y del esqueleto del Gigante en el Museo Nacional de Antropología de Madrid.

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