Hablando de huesos de aceituna para conseguir una botella de aceite

Por una botella de aceite. No una cualquiera. Una garrafa de AOVE de Jaén ideal para tostadas y ensaladas. También, por amistad. Sobran motivos para escribir, cuando te gusta. Paco Umbral escribía dos artículos, uno para publicar y otro para emborracharse. Cualquier excusa es buena.

Cuando conocí al deudor del aceite, deseaba que llegase tarde. Quien no era puntual en las clases de aquel curso introductorio de una bigfour, contaba un chiste. Los de Rubén eran los mejores, tanto en la forma como en el fondo. Aquella chispa y alegría hicieron que fue designado como Mister Contabilidad de la clase. A un servidor, le tocó la enorme distinción de ser su caballero de honor. Así, aunque pasaron ya algunos años y la vida nos fue moviendo, ahí seguimos compartiendo ratos y llamándonos compadre.

Tomando un café, esa buena forma de cultivar una amistad, me habló del uso energético que tenían los huesos de aceituna y de Garzón Green Energy. Me enamoré a primera vista de la idea como si de una gitana de Romero de Torres se tratase. No quiero daros la lata, pero hay razones de peso para prendarse, España es deficitaria en recursos energéticos, este negocio posibilita valorizar lo que en otro caso es un residuo, hay mercados por explotar o, además, es sostenible medioambientalmente.

img_1705Al tiempo, Rubén dejó la vida tirada de las grandes auditoras y volvió a Bailen a arrimar el hombro en Garzón Green Energy, que comenzaba a tener ya cuerpo. Ahora, esta empresa familiar, llevada por un padre –que lleva vendiendo los huesos con este uso más de 40 años– y unos hijos, emplea a más de veinte personas, factura millones de euros y tiene buenas perspectivas de crecimiento.

Visitar, junto al Marques de Barreda, con Rubén de guía, las instalaciones de la empresa, es darse un baño de ilusión. La ilusión en una empresa y un proyecto, sostenible y con futuro. Del mismo modo, nos alegramos, a la par que no dejábamos de preguntar para qué servía cada máquina cómo era cada proceso, de que a un amigo le vaya bien. Y es que Rubén se lo merece.

Disfrutón, noble, trabajador y echaopalanté, es mi compadre, el que se dedica al mundo de las energías limpias y que me debe, por lo menos, una garrafita de un litro de aceite. Este es el primer burofax reclamando el pago.

¡Mucha suerte a Garzón Green Energy!

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