El pedregoso camino de mi vocación

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Ayer, una amiga, a la que profeso gran cariño, escribió en mi muro de Facebook un mensaje de aliento y compartió la publicación de una página en la que se animaba a los estudiantes, opositores, a persistir en su lucha a pesar de los malos momentos y las renuncias. No supe cómo contestar y me fui a la cama repasando los últimos años. Hoy, con más fuerzas, decidí sentarme en el diván de Un Jurista entre bambalinas, que ya comenzaba a tener desatendido, para responder.

Llegué al camino pedregoso de la oposición, cuando comenzaba a tener una incipiente carrera en la abogacía de los negocios, empujado por una vocación, la del servicio público. Llevo decenas de meses encerrado en una habitación rodeado de temas, códigos y subrayadores. Estudio seis días a la semana, un mínimo de 10 horas diarias. Como puedes comprender, he renunciado a muchas cosas y he tenido momentos en que he estado a punto de tirar la toalla.

Hace casi dos años, suspendí por un despiste con el cronometro y un descuadre de tres minutos. En 2016, con el toro en la plaza y cuando estaba dándole, valientes, certeros y bonitos capotazos, inexplicablemente me quedé en blanco. Fui como aquel ciclista al que una pájara le arrebata el Tour que tenía escrito su nombre. Después de estos dos traspiés, con el sabor del fracaso inundándome el paladar, con la autoestima por los suelos y lleno de dudas, me planteé muchas cosas.

No te negaré que estuve al borde del abandono. Estaba agotado. No comprendía por qué me había quedado en blanco. Busqué durante semanas las causas. Me convencí de que no merecía la pena. No quería privarme más de pasar tiempo con mi familia, hacer planes con mis amigos, robarle horas al sueño, disfrutar de mi novia o cultivar mis hobbies. Creí que no tenía más fuerzas para seguir aguantando la presión, los nervios y la incertidumbre.

Al final, pudo más, de nuevo, la vocación. ¡Maldita o bendita vocación! Consciente del camino recorrido, de lo que quería, del apoyo de mis padres, Lola, mi hermana y esos incondicionales que nunca me han abandonado, del consejo sabio y sincero de mis preparadores, decidí continuar persiguiendo mi sueño, mi vocación. Siempre he pensado que el mundo es de los que no se detienen ni se rinden en la consecución de sus sueños. Así que estoy de nuevo ya convocado y en pocos meses me examino.

Al igual que te confieso que paso momentos de desanimo, con mis duquelas y mis penas, en la soledad de mi cuarto, que algunos días cuando suena el despertador a las seis de la mañana me cuesta encontrar los ánimos y la ilusión –no, mamá, no es por el desorden de la habitación– o que hay semanas que aborrezco el Derecho que siempre fue una de mis pasiones, también te digo que disfruté aprendiendo, que tuve un subidón enorme cuando mi preparador me dijo que dominaba el temario o cuando vi el aprobado cerca. He superado siempre las malas rachas o las faltas de ganas porque creo que soy un privilegiado que puede perseguir su sueño, y eso es una suerte.

He hecho y sigo haciendo lo que debía, con un poco de suerte, espero salir en unos meses de éste, mi gulag particular. Gracias por ayudarme a transitar el pedregoso camino de mi vocación.

2 comentarios en “El pedregoso camino de mi vocación

  1. […] En mi anterior post hablé de lo pedregosa que es esta maldita o bendita vocación. La oposición es una montaña rusa emocional. La rutina y los hábitos ayudan a mantener los ánimos templados, pero ni mucho menos hacen desaparecer los momentos de agobio y desilusión que sobre todo sobrevienen, por lo menos en mi caso, cuando estoy muy cansado. Por eso, es importante respetar los descansos, como si fuesen tiempo de estudio. Por ejemplo, y tras darle muchas vueltas, la única explicación plausible a mi último suspenso –me quedé en blanco con el examen ya comenzado– es que llegué al día del examen exhausto. Mi preparador, alguna vez, me ha comentado que fallé por exceso de estudio. […]

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