La conjunción de astros opositoril

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Ya lo dije en alguna entrada, este blog quizás tenía que haberse llamado Un Opositor entre bambalinas. En ocasiones, fue una suerte poder venir aquí y desahogarme –ahorré en psicoanalistas–. Un Jurista entre bambalinas ha sido mi vía de escape y el diván en el que sentarme a contar las penas. No vayas a creer que ha sido fácil exponerse a hacer ciertos striptis emocionales, pero cuando abres un blog personal debes estar dispuesto a exponerte.

Estoy aproximándome peligrosamente al examen de la nueva convocatoria y periódicamente vendré por aquí a contaros mis aventuras para seguir ahorrando en psicólogos y, además, para tratar de ayudar a otros opositores que viven situaciones parecidas y, supongo que como yo, a veces se sienten solos e incomprendidos. Espero que os sirvan las reflexiones de hoy.

En mi anterior post hablé de lo pedregosa que es esta maldita o bendita vocación. La oposición es una montaña rusa emocional. La rutina y los hábitos ayudan a mantener los ánimos templados, pero ni mucho menos hacen desaparecer los momentos de agobio y desilusión que sobre todo sobrevienen, por lo menos en mi caso, cuando estoy muy cansado. Por eso, es importante respetar los descansos, como si fuesen tiempo de estudio. Por ejemplo, y tras darle muchas vueltas, la única explicación plausible a mi último suspenso –me quedé en blanco con el examen ya comenzado– es que llegué al día del examen exhausto. Mi preparador, alguna vez, me ha comentado que fallé por exceso de estudio.

Ahora, me encuentro en una etapa extraña. Sí, te explico. Seguro que si eres o has sido opositor lo entenderás fácilmente. Tras dos suspensos que fueron errores no forzados –en el primero fallé por un despiste con el tiempo asignado– y dominando el temario, la confianza está minada. Sabes que esto, como casi todo en la vida, depende de un uno por ciento que es determinante y que no controlas ni nunca lo vas a hacer. No sé muy bien como llamar a ese algo, pero con el siguiente ejemplo seguro que lo entiendes. Lola Flores cantó en Nueva York y al día siguiente una de las crónicas del espectáculo decía: “no canta, no baila, pero no se la pierdan”. Tenía ese algo determinante y fundamental. Una suerte de duende extrapolable a todos los campos. Esa conjunción de astros que todos los opositores imploramos que se dé el día en que nos examinamos. Ojalá, este año se dé, que del otro noventa y nueve por ciento ya me encargo yo.

Un comentario en “La conjunción de astros opositoril

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