La maldición de las obras

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Nos persiguen las obras. Sí, los opositores tenemos una maldición. Basta con que empecemos a estudiar en un sitio para que comiencen construcciones, rehabilitaciones o reparaciones. Da igual dónde que ya habrá una avería en casa, un vecino que reforma el piso, una comunidad que decide cambiar las bajantes o un Ayuntamiento que arregla las calles.

Os cuento la última. La habitación de mi casa en Madrid da al patio interior de dos comunidades. Están reformando uno de los pisos de enfrente. A juzgar por el tiempo que llevan, están haciendo seguro una pequeña réplica de El Escorial. Las sesiones de martillo -no sé de dónde sacarán tanto qué picar- son diarias, tremendamente ruidosas y largas. Ni con tapones logras no escuchar semejantes golpes. Y ahí no acaba la cosa, a uno de los operarios le gusta escuchar Radio Olé, así que pone su transistor a todo meter en su terraza del patio interior para mi desesperación y cuando parece que se les ha quedado sin pilas, el encargado se habla por teléfono a voz en grito dando presupuestos y encargos.

Seguro que estáis pensando que soy un exagerado, pero os prometo que me quedo corto. Y es que esta obra no es la única que he sufrido recientemente. En el último mes han cambiado las bajantes de mi edificio, en concreto, de mi letra. Menos mal que me ha cogido en Don Benito, pero ni aún así me he librado de los ruidos y molestias de la construcción. Justo al lado de mi casa, están construyendo otra.

Podría pensar que tengo mala suerte y debo irme a vivir a ciudades donde necesiten que repunte el sector de la construcción, pero he detectado que éste es un mal endémico de los opositores. Al comentárselo a mi preparadora y a otras dos amigas opositoras, reaccionaron con indignación y desesperación contando que también sus vecinos habían decidido, coincidiendo con su encierro estudiantil, reformar sus casas y que las obras les persiguen como el coyote al correcaminos.

No queda otra más que armarse de paciencia, abastecerse de tapones para los oídos y maldecir en silencio a los amantes –principalmente, nuestros vecinos- de las obras, las reparaciones y el bricolaje.

Un comentario en “La maldición de las obras

  1. A otro nivel, nos pasa a nosotros, en este caso a los taxistas. Cualquier obra, atasco por accidente, manifestación o desfile de caracoles no lo comemos enterito. No te queda otra que aprender a aprender a convivir con estos trances. Un saludo y siento lo de tu abuela.
    Francisco Mateo

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