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Medellín y la literatura

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Medellín es un precioso pueblo de la provincia de Badajoz, cercano a mi Don Benito natal, heredero de la tartésica Conisturgis y de la villa romana Metellinum y cuna del conquistador Hernán Cortés. Goza de una magnífica ubicación, en las fértiles tierras de las Vegas Altas, dominadas por su castillo y al lado de un importante paso del río Guadiana. Este privilegiado emplazamiento ha sido el causante de que tenga una historia prolija y un patrimonio arquitectónico –castillo, anfiteatro romano, puente, entre otros– merecedor de una visita.

Pero no he venido hoy aquí a hablaros de la historia y el patrimonio de Medellín, que bien merecerían un post, sino a contaros su relación con dos clásicos de la literatura. Allá vamos.

El Castillo de Medellín es el escenario de una leyenda local, la del II Conde de Medellín, que supuestamente –no está demostrado– inspiró a Calderón de la Barca el personaje de Segismundo en su obra La vida es sueño. Según esta leyenda, al fallecer el I Conde de Medellín, don Rodrigo de Portocarrero, le sucedió su hijo, el II Conde de Medellín, don Juan de Portocarrero y Pacheco. Sin embargo, su madre, doña Beatriz Pacheco, mujer de fortísimo carácter, guerrera y belicosa, comenzó a disputarle el título. Además, doña Beatriz era una ferviente defensora y partidaria, como su padre y su marido, en la Guerra de Sucesión de Castellana, de Juana la Beltraneja frente a Isabel la Católica. Por el contrario, el II Conde de Medellín era más cercano a las tesis isabelinas. Así, en este contexto, de lucha familiar, doña Beatriz encerró durante cinco años en una mazmorra de la Torre Norte del Castillo de Medellín a su hijo.

La disputa sucesoria fue de tal magnitud que llegó a plantearse ante la Corona y fue resuelta por Isabel la Católica a favor de don Juan. No obstante, doña Beatriz desobedeció la decisión regia hasta que los Reyes Católico terminaron por imponerse en la guerra y presionaron para que liberase a su hijo.

Finalmente, la leyenda local cuenta que cuando fueron a liberar de la mazmorra a don Juan de Portocarrero, éste se negó a salir por el agujero del techo por el que había entrado, exigiendo que derribasen un muro de la mazmorra para salir con la dignidad que merecía su causa.

El otro clásico literario con inspiración metelinense es mucho más cercano en el tiempo y contiene un fragmento que se desarrolla en la batalla que se libró en la localidad en agosto de 1936 durante la Guerra Civil. En ella, las tropas republicanas impidieron, con bombardeos aéreos incluidos, el avance del bando sublevado volando varios arcos del puente sobre el río Guadiana construido bajo el reinado de Felipe IV.

En la batalla, participó el escritor francés André Malraux, que relata en su obra L´espoirLa esperanza, en su traducción al castellano– la actuación de el escuadrón de la aviación republicana del que era jefe.

No puedo más que recomendaros encarecidamente que visitéis Medellín y que disfrutéis de la lectura. Como corolario, voy a adaptar una frase que leí hace poco en una librería, si no lees y no viajas no pasa nada, pero si lees y viajas pasan muchas cosas.

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